10 de octubre de 2007

El extraño aprovechamiento del parón pilarista

"El parón nos va a venir muy bien para acumular carga de trabajo y mejorar en todas los aspectos de los déficits que tiene el equipo en estos momentos". Esta es una frase tipo, un pensamiento en voz alta que hemos podido escuchar en la Ciudad Deportiva y los alrededores del vestuario en las últimas 48 horas quienes nos movemos cerca de la plantilla del Real Zaragoza.
Después del fracaso europeo ante el Aris y de la doble victoria consecutiva en Liga que, a modo de bálsamo, ha paliado en parte la decepción generalizada que afecta a la inmensa mayoría de zaragocistas, uno entendía que, efectivamente, este próximo fin de semana sin Liga podía ser utilizado como flotador para un vestuario que necesita nuevos estímulos, un nuevo punto de partida, una recapitulación de errores y aciertos, una terapia de grupo que ayude (a la mayor brevedad posible para que la temporada no se tuerza peligrosamente y, al contrario, se reconduzca por un camino ilusionante en los partidos de octubre) a soslayar todos los fallos que han emborronado muchos momentos de este inicio de curso de manera inesperada.
Por eso, particularmente, me sorprende la planificación de entrenamientos que ha diseñado el cuerpo técnico del equipo, con Víctor Fernández y José Luis Arjol a la cabeza. Si miramos bien el "planning", resulta que, tras el partido del Levante el pasado domingo, la plantilla guardó fiesta el lunes. Ayer martes, su horario laboral se centró en la conocida prueba físico-médica del lactato, es decir, no fue un entrenamiento ordinario. Hoy miércoles, los futbolistas van a entrenarse en una única sesión matinal aquí en la Ciudad Deportiva (me encuentro ubicado en estos momentos en mi rincón preferido en la pequeña grada del campo central, escribiendo en directo este artículo mientras los jugadores ya están ejercitándose azotados por un fuerte y molesto cierzo otoñal). Mañana jueves, repetirán calendario con un único entrenamiento a las 10.30. Y... ¡fiesta!.
Efectivamente. Viernes, sábado y domingo, los responsables del vestuario han dado tres días y medio de vacaciones al plantel. Tres días y medio libres y hasta el lunes, día 15, a las 10.30 de la mañana, no volverán a trabajar juntos. Se trata del puente grande de las fiestas del Pilar. Viernes, sábado y domingo, 12, 13 y 14 de octubre, todo un fin de semana poco estimulante para el recogimiento y la rutina doméstica en cualquier hogar zaragozano o aragonés. Incluido el de los deportistas.
Si valoramos la hipótesis de que, en lugar del parón liguero por los partidos de las selecciones nacionales, este domingo hubiese habido jornada de Liga con normalidad (y, por lo tanto, tuviésemos que haber viajado a Madrid para jugar en el Calderón frente al Atlético), bajo ningún concepto -es perogrullada- hubiese podido haber fiesta para la plantilla los días viernes, sábado y domingo. Es decir, se habría entrenado con normalidad viernes y sábado y se habría jugado partido el domingo. O, lo que es lo mismo, la carga de trabajo físico y táctico de los jugadores zaragocistas habría sido mucho mayor de lo que va a ser con el parón liguero.
Este lapsus del campeonato, ese que iba a venir tan bien para acumular entrenamientos y mejorar las cosas, no solo no va a incrementar esa carga e intensidad de trabajo. Es que ni siquiera lo va a mantener en su nivel habitual. Simplemente, no va a aportar nada de carga de trabajo. La elimina con tres días y medio de fiesta absoluta, además de aligerar el calendario de entrenamientos del resto de la semana (lunes, día libre y martes, pruebas físico-médicas).
Cabe la posibilidad (ese riesgo siempre lo tiene el periodista cada vez que osa pisar ente tipo de terrenos ultra-mega-hiper especializados de la preparación física y las planificaciones de los entrenadores profesionales del fútbol moderno) de que este análisis sencillo de una situación indiscutible de disminución de trabajo por parte del Real Zaragoza sea catalogado por quien corresponda como fruto del desconocimiento de las pautas que marca el método de preparación del equipo. No sería la primera vez, ni siquiera la última.
Pero, no sé a ustedes, queridos lectores, lo que les parece. A mí, me cuesta muchísimo entender que esto sea un aumento en la carga de trabajo y un procedimiento que vaya a permitir la intensificación en la corrección de los defectos. Más bien, me parece otra cosa bien distinta a eso.
Salvo que lo que ahora necesite la plantilla sea unos días de desconexión con la realidad, unas fechas de evasión mental de la machacante rutina y una cura patrocinada por la Comisión de Festejos del ayuntamiento de la ciudad, este "planning" no tiene mucho sentido.
En tiempos no muy lejanos, otros entrenadores tipo Manolo Villanova, Luis Costa o Chechu Rojo, optaban en este tipo de semanas de ruptura del campeonato por llevarse a los futbolistas a unas miniconcentraciones intensivas (recuerdo Biescas, Benasque, Calahorra, Marbella, Puente Viesgo...) para, efectivamente, aprovechar el tiempo positivamente y recuperar asignaturas pendientes en épocas donde los malos resultados o las circunstancias del equipo así lo requerían.
Ahora no. Ahora parece que los nuevos métodos aconsejan tratamientos de choque antagónicos a la preparación clásica de las plantillas. Fiesta, mucha fiesta.
Del acierto o desacierto de la medicina aplicada tendremos respuesta en semanas venideras. Los resultados, como siempre dicta el particular mundo del fútbol, dirán si lo que se ha planificado es lo adecuado.
Yo, por ahora, me quedo en la Ciudad Deportiva mirando con atención el partidillo que acaba de iniciarse entre los componentes de la plantilla zaragocista en su penúltimo entrenamiento de la semana...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No lo escuché personalmente pero un técnico ha comentado, al pedirle opinión sobre el Zaragoza. que era un equipo "poco trabajado". Paco, leyendo tu comentario sobre el planing de entrenamientos que este señor tenía razon. Creo que son dos semanas perfectas para ensayar jugadas tanto ofensivas como defensivas, que por cierto en éstas, especialmente cuando defendemos alguna falta, fallamos bastante, y de paso entrenar para que los jugadores se compenetren un poco más, ya que algunos, debido al retraso motivado por la copa América, han entrenado muy poco juntos.
Pero bueno, como se suele decir, doctores tiene la iglesia......
Saludos

Anónimo dijo...

Los equipos de Victor Fernandez se caracterizan por ser equipos de toque más que físicos, con defensas poco trabajadas, aceptables o buenos en ataque y que suelen meter y encajar muchos goles.
Por tanto, poca presión, facilidades de juego para el contrario y bastante blandos, presas fáciles para equipos bien ordenados,luchadores e incómodos con jugadores de gran porte.Además, jugar si extremos es una temeridad y dificulta mucho el marcar, (eso lo saben hasta los párvulos). Lo siento pero la vaca no da más....

Anónimo dijo...

Creo que con un dibujo táctico clásico (nada de rombos) y potenciando la parcela física de los jugadores no habría mucha dificultad para estar arriba en la liga porque hay buenos jugadores (salvo errores puntuales como cambiar a Movilla por Luccin). Pero claro, esto se logra con otro entrenador y entrenamiento...

Adrián Blasco. La Muela dijo...

No tiene sentido. Victor Fernandez parece haber perdido el oremus y cada dia que pasa tengo la sensacion de que vamos camino de darnos una ostia este año. Me parece preocupante casi todo lo que está pasando y lo de los entrenamientos que cuentas no deja de ser otra cosa mas. A ver que pasa contra el At.Madrid y el Villarreal porque estos si que nos van a servir de referencia, no el Levante.