8 de octubre de 2007

El extraño cambio de los roles genera sospechas y rozamientos

En el amplio y variado mundo del fútbol profesional, todo un hábitat definido desde hace décadas y que, con el paso de los años, tiende a especializarse hasta el mínimo detalle, cada protagonista que pulula en los entresijos del día a día tiene su rol establecido. Todo es de natura. O, al menos, así ha de serlo si la situación es normal en cualquier club del mundo. Llámese Madrid, Barça, Milan, Manchester o Zaragoza. Da igual el nombre o el país. Es un idioma universal que no entiende de grandezas, presupuestos o palmarés.
Es decir, que el estado natural, el lubricado, el que facilita el discurrir cotidiano alrededor de un equipo, es aquel en el que cada uno cumple escrupulosamente con su papel. Los jugadores, han de ejercer de jugadores. El entrenador ha de ser entrenador. Los dirigentes y ejecutivos se tienen que limitar a ser dirigentes y ejecutivos. La prensa, ha de actuar como prensa, es decir, que los periodistas han de ser periodistas. Y, por último, el papel del forofo o aficionado (básico, crucial, definitivo en la razón de ser de este negocio y ocio) ha de ser, con mayor libertad que ninguno de los anteriores colectivos, el propio de alguien que paga y, por ello, exige, opina, se enfada, disfruta o reacciona de las más variadas maneras con arreglo a su caracter o idiosincrasia propias. Si cada uno está en sus coordenadas, ese club tendrá pocos chispazos.
Pero últimamente la tendencia en determinadas entidades, ciudades o circunstancias puntuales de algunos proyectos (en España y fuera de ella), está llevando a que los roles de cada colectivo se solapen. Y, mayormente, de forma muy interesada.
Si los dirigentes quieren jugar a entrenadores, mala cosa. Si los entrenadores ocupan parcelas propias de la directiva, peor. Si la prensa actúa bajo parámetros que aluden a los forofos, mal asunto. Pero todavía es más peligroso si es al revés, y los forofos acaban invadiendo los medios de comunicación. Otra intersección nociva es la del entrenador que pretende inyectar en la prensa las bases de la línea informativa, caso equivalente al de los directivos que también buscan influir diariamente en los medios de comunicación. Eso es tan inadmisible como aquella vieja máxima que decía que la prensa quitaba y ponía entrenadores y presidentes, o esa otra más cercana que reza que los periódicos hacen las alineaciones (o lo pretenden). Fuego seguro causarán todas estas invasiones de roles ajenos, como también es el caso de los jugadores cuando pretenden manipular al entrenador a la hora de decidir qué once inicial es más conveniente o qué dibujo táctico interesa más a deteminada parte de un vestuario.
Como se ve, los incendios siempre proceden de un cambio de asignación en el rol que cada uno tiene dentro de la pirámide de poder dentro del mundo de fútbol, dentro del organigrama de funcionamiento de este sector del ocio-negocio-deporte que a tanta gente afecta en este inicio del siglo XXI.
A tanta gente que hasta los políticos han pasado a ser pieza clave en el devenir de los clubes o sociedades anónimas. Uno no quiere ni pensar lo que puede pasar si uno de estos hombres (o mujeres) publicos amanece un día con ganas de jugar a entrenador, a presidente o a periodista entremezclando su rol de forofo con el de cargo público. También los hay.
Por eso, todo lo que no sea que los jugadores sean jugadores; el entrenador, entrenador; los dirigentes, dirigentes; los periodistas, periodistas; y los forofos, forofos, solo acarreará problemas de difícil solución. Y cada vez hay más gente que está fuera de su compartimento.
Por eso, cada vez extraña menos ver en determinados medios a periodistas forofos. En otros (o los mismos) a forofos metidos a periodistas. No es raro observar a entrenadores que juegan a periodistas (y viceversa). A presidentes que juegan a entrenador. A entrenadores que actúan como directivos, extralimitándose en sus funciones ordinarias... Una locura que nada bueno puede traer.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

exceleeeeeeeeeeeeente

juan mayor dijo...

Paco ¿quieres decir que algo de esto pasa en el Zaragoza? Me parece algo serio muy serio

Supermaño dijo...

Maaaaaah! Piazo reflesión!
Qué razón tienes zagal en eso q’has dicho de los “periodistas-forofos”. Aun no m’explico que alguien dijera que’l Arisdesalonica era un rival facilico, de segunda Bé y q’habíamos tenido suerte con la bolica del bombo. Es menester informase un poquico más y ver algún vidio como el partido que jugaron contra el olimpiakos. Es preferible dicir que el rival es una incógnita si no sabes nada d’él.
Más humildá es lo q’hacía falta dispués de estozolarnos y quedar escoliminaus con el wislacracovia, servette y austriaviena.
Pienso yo!

Anónimo dijo...

Un análisis sereno es importante en este momento. Pero en estas fechas, tras una pretemporada, y tras varios partidos de liga, el equipo debería tener algo de consistencia, en una palabra ser un equipo, con su orden en todas las demarcaciones. De acuerdo en que el equipo se está construyendo querido entrenador, pero la cosa marcha demasiado despacio, y hay errores enormes que deberían y podrían corregirse con rapidez.

Rick dijo...

Muy buen post, Paco, pero podías ser un poco más explícito...