La victoria 4-2 ante el Alávés demostró que el equipo tiene vida. Y esa es la única buena noticia procedente del Real Zaragoza en los últimos tiempos. Digamos que la única que verdaderamente interesa, la única que es indispensable para que el fútbol pueda seguir vivo en el futuro. El equipo no puede caerse, sus constantes vitales deben estar siempre dentro de unos mínimos de supervivencia en la clasificación, sin riesgo de tirar la temporada por la borda en ningún momento. Este dato fundamental debería ser siempre así en un equipo grande como es el Real Zaragoza que quiere volver cuanto antes a la elite. Pero lo es mucho más ahora mismo, cuando el envoltorio que rodea al equipo (entiéndase por equipo a jugadores, técnicos y demás miembros del cuadro de actores principales que pisan el césped cada partido) esta cerca de quedar destarifado por escapismo, ineptitud y deterioro sumo de su imagen pública ante todo el mundo.
A este Zaragoza solo lo pueden rescatar de las catacumbas sus jugadores, su equipo técnico y sus resultados en la liga. Y, en caso de que se consiguiera el ascenso en junio, ya se vería por dónde puede discurrir el devenir de la entidad, que hasta entonces va a llover un poco. Pero, sin ese ascenso en la mochila, el horizonte se puede aventurar ya mismo: el caos más absoluto y los riesgos más graves acecharían tras todas las esquinas.
Por eso, el 4-2 ante el Alavés es vida. Mucho más tras venir de la derrota de Alicante y el retorno al mar de dudas sobre todo lo que huela a Zaragoza. De nuevo se asciende a la antesala de la zona noble de la clasificación. De nuevo se cree en una reacción fuera de casa que permita el asalto a la cabeza. Algo que permitiría un sobresaliente empujón a la autoestima de todo el mundo. Sevilla, ante el filial sevillista, es la siguiente estación para intentar lograr ese gran paso.
Menos mal que todo esto ha de desarrollarlo el equipo, el entrenador. Menos mal que todo esto hay que hacerlo en el campo, nuestro único asidero en tan penoso caminar como lleva este Zaragoza de 2008. Porque, al menos ahí, hay vida. En el resto de flancos del club, ya se sabe: malos rollos, gente mal encarada, individuos desahogados que están dando sus coletazos de muerte, dirigentes escondidos por lo que pueda salpicarles desde fuera, distanciamiento progresivo de la realidad social de lo que queda del zaragocismo, episodios vergonzosos como la organización extemporánea del Trofeo Ciudad de Zaragoza-Memorial Carlos Lapetra en las últimas fechas... En fin, un proceso de abollamiento en el casco y la cubierta de la nave zaragocista que tiene difícil arreglo para sus patrones (mucha gente de peso está ya convencida de que ninguno).
Por eso, menos mal que hay vida en el equipo. Al menos, si eso funciona, el zaragocismo respirará mínimamente. Con dificultades, que para eso estamos en Segunda, ahogados por la deuda, en un callejón con escasa salida en el plano ambiental. Pero con un mínimo resquicio a la ilusión si el equipo se ubica donde debe y, por su propia inercia, puede devolver a la afición y a la ciudad al lugar donde le corresponde. Los del campo lo pueden hacer. Los demás, es más que dudoso.
15 de octubre de 2008
Menos mal que hay vida en el equipo
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8 de octubre de 2008
Primeros palos atravesados en las ruedas
La derrota en Alicante frente al Hércules ha detonado nuevamente el paquete del escepticismo. De poco han servido, moralmente, las dos victorias seguidas en La Romareda ante Elche y Murcia que, gracias a Dios, calmaron durante siete días los primeros vértigos de buena parte del zaragocismo y, de paso, dieron pie a la esperanza en reconducir el mal inicio del equipo. Ha sido un batacazo doloroso. De los que dejan marca. Otra vez los mismos errores. De nuevo los mismos lastres. Un día más, la misma imagen de vulnerabilidad.
Pero, según va avanzando paso a paso el campeonato, los argumentos, las circunstancias diversas que rodean siempre a un equipo y a una entidad tan grande y variopinta como es el Real Zaragoza, hacen que se vayan juntando en el tiempo varios asuntos de forma simultánea. Y, según soplen los vientos, las lecturas y/o consecuencias de los mismos tienen un cariz u otro.
La verdad es que a los rectores del club (en todas las áreas) se les ha amontonado una mala semana. Genera decepción -muchísima- el partido perdido en el Rico Pérez. Y dentro de esa burbuja, cuesta digerir para mucha gente el hecho de que 4 jugadores acaben con aparatosas lesiones musculares. Que Ewerthon caiga para un mes. Que los demás, aunque sus dolencias sean más leves, salgan del campo entre espasmos y gritos de dolor. Que incluso, con los cambios ya agotados, el equipo se quede con 10 (realmente con alguno menos, que también andaba renqueante).
Simultáneamente, la forzada disputa del Trofeo Ciudad de Zaragoza-Memorial Carlos Lapetra en día, hora y con rival anómalos, es otro de los resortes que provocan hilaridad entre el zaragocismo. Bien está que no se pierda su edición de 2008, hecho que hubiese sido lamentable y harto reprochable a la actual dirigencia de la entidad, pero otra que, perdida la oportunidad de ubicarlo en su lugar natural (la pretemporada estival), se coloque en un martes cualquiera, a una hora intempestiva (19.00) para una jornada laboral ordinaria y el adversario buscado en unas complicadas negociaciones (porque venir a jugar este bolo otoñal a coste barato no es del gusto de casi nadie) sea el poco llamativo Getafe.
A la vez, surge el problema para los directivos blanquillos de ubicar el partido de la 7ª jornada en La Romareda contra el Deportivo Alavés. El domingo 12, día del Pilar, es una fecha complicada en casi todas sus franjas horarias, por todos los actos festivos que hay en la ciudad. Pero el sábado 11, día elegido al final (a las 20.00), el efecto es muy parecido. Además, a las 20.45 juega la selección española partido oficial en Estonia (claro, como estamos en Segunda, los parones internacionales no nos contemplan y tenemos que coincidir con los equipos nacionales). Total, que otra buena parte del colectivo zaragocista eleva su queja al cielo y se augura una floja afluencia de público por motivos obvios.
Cuando los efectos del asunto de las lesiones van difuminándose por el paso de las horas, aparece el preparador físico del equipo, Ismael Fernández, y emite una serie de explicaciones en rueda de prensa que, lejos de aplacar las críticas o sospechas de las causas de esta epidemia, lo que acaba provocando es una reacción inversa. No parecen unos razonamientos aglutinadores sino, más bien, generadores de chispas con la plantilla. Sea como fuere, de su intervención destilan fricciones hasta ahora no valoradas dentro del seno de los protagonistas del vestuario y adyacentes.
Todo esto, por supuesto, como ya se venía adivinando hacía varias semanas, no hace sino acrecentar la graduación de las críticas al trabajo del entrenador por parte de un sector muy definido de la opinión pública. Los hechos, inevitablemente, lo han puesto en bandeja.
Así que, en una temporada tan complicada y crucial para el futuro del club como es esta en la que estamos, los últimos días han significado un marcado retroceso en la respirabilidad del medio ambiente zaragocista. Todo se ha puesto más denso. El aire ya no es tan puro. La virginidad del proyecto deportivo que encabeza Marcelino empieza a quedar atrás.
Solo los resultados, camino ya del primer cuarto de la liga, servirán de calmante o paliativo a estos primeros rasguñados serios. Como ya manifesté hace unos días en este blog, solo el fútbol va a ser capaz de sujetar este proyecto. Solo los futbolistas y el entrenador, los que están sobre la hierba cada 7 días, pueden aliviar el día a día de la entidad.Lo demás (y los demás) hace días que han perdido fortaleza y legitimidad a toneladas. Solo el balón, los goles, la clasificación y, por supuesto, el ascenso final a Primera, serán capaces de evitar -siquiera momentáneamente- el resquebrajamiento total de esta aventura del Real Zaragoza tras casi 77 años de vida.
Se percibe escondidos y agazapados al máximo a los Agapito, Bandrés y Herrera (éste no ha pisado La Romareda, en contra de su costumbre, en ningún partido de esta temporada en Segunda). Porquera no tiene cara, como Prieto o Bello (nunca fueron presentados, son elementos de peso en el motor del club aterrizados de forma clandestina). Y con este cuadro de mandos emparedados tras un tabique, sin que los rayos del sol zaragocista les den en la cara desde hace días, la única cara vista del actual Real Zaragoza son sus jugadores y su cuadro técnico-médico-físico. O sea, los que hacen el fútbol en los estadios y los campos de entrenamiento. En ellos está el devenir de esta entidad agujereada peligrosísimamente en el apartado económico y social.
Por eso, parece peligroso atravesar los primeros palos en las ruedas de este grupo de protagonistas. Si ellos fallan (y cierto es que es lo que está predominando por ahora), todo puede descarrilar sin demasiado arreglo final.
Así que, aunque las dudas crezcan de manera inevitable, aunque la coincidencia de circunstancias relativas al Real Zaragoza acabe causando reproches y críticas negativas en la mayoría de los casos y de la gente, aunque guste poco lo que se ve y se advierte tras las cortinas... recemos o imploremos porque el fútbol nos mantenga la boca por encima del agua. Si Marcelino, sus colegas y, claro está, los futbolistas, no alcanzan el mínimo exigible en tales condiciones... habría que pensar en dedicarse a la poesía, el teatro clásico o el cine de arte y ensayo.
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19 de septiembre de 2008
El fútbol, la única sujección del Real Zaragoza
No es de Perogrullo. El fútbol, lo que ocurra en el campo durante 90 minutos cada siete días, parece que es la única sujección que tiene ante sí el actual Real Zaragoza. De vuelta de vacaciones, tras volver a pulsar el día a día de muchos miembros de eso tan impersonal pero tan grande e imposible de escriturar que es el ZARAGOCISMO (sí, con mayúsculas), tengo la sensación de que el grado de credibilidad de los actuales rectores del Real Zaragoza tras la marcha de Soláns está cada vez más cercano al nulo.
En 25 meses, de la esperanza se pasó a la decepción. De la decepción a la preocupación. De la preocupación a las dudas. De las dudas a las certezas. De las certezas a la desconfianza. De la desconfianza al rechazo. Y de ese rechazo, moral en unos casos, efectivo en otros (más de 8.000 abonados -muchos, viejos accionistas- no han renovado su carnét), se ha llegado a un estado real de falta de fe en quienes rigen la nave. No es una opinión, sino el traslado de una percepción que muchos zaragocistas, de todo tipo de origen y pensamiento, me estáis haciendo llegar de una u otra forma a lo largo de los últimas semanas. De veras que no hallo prácticamente nadie que encuentre suelo firme a la actual situación del club. ¡Qué tremendo ha sido el descenso a Segunda División y todo lo que ha venido después!
Por eso, me genera respeto lo que pueda venir de ahora en adelante. Mucho respeto. Y pienso que, como siempre, el balón va a tener mucho que ver en la posible (si es que es posible) reconducción de los sentimientos, los pareceres y las opiniones. Esas que ahora, de manera abrumadoramente mayoritaria, viajan con gesto ofendido a través del medio ambiente del zaragocismo respecto de los principales protagonistas de lo que, a entender de todo el entorno del equipo y la SAD, es una catástrofe.
El mal ambiente solo lo pueden arreglar los resultados. La deteriorada y socarrada ilusión de la afición solo puede rebrotar muy poco a poco a través de una buena clasificación y mediante la percepción de que el ascenso en un solo año a Primera es una posibilidad cierta y realizable. Ni Agapito, ni Bandrés, ni Herrera, ni Porquera, ni Prieto, ni Bello, ni Checa, ni Gómez de la Fuente, ni el inerte Consejo de Administración que tiene esta sociedad, ni De Miguel, ni Sol, ni Ramos, ni los médicos, ni los fisioterapeutas, ni los nuevos de márquetin y ventas a los que no les podemos poner nombre porque son anónimos, ni los altos cargos de la DGA que siempre pulularon detrás de las cortinas desde el cambio de timón llevado a cabo en mayo de 2006... nadie de ese maremágnum en que se ha convertido el organigrama y el mecanismo interno del Real Zaragoza post-Soláns me parece que está capacitado ni legitimado en estos momentos (y quizá ya no lo esté jamás) para convencer a nadie, ni al más optimista y confíado de los seguidores, de que las cosas se hacen con un poquito de sentido común, de afán colectivo o de lógica futbolística.
Y, lamentablemente, los cuatro primeros resultados del curso han salido mal. Es decir, de todos los escenarios posibles, el equipo se ha metido de entrada por uno que no es bueno. Dos derrotas y dos empates dolorosos (en ambos se iba ganando hasta el final); y una eliminación en Copa. De este modo, la única esperanza de que el Real Zaragoza sea capaz de revivir a corto plazo, la que provoca el fútbol puro y duro, de momento no marcha bien tampoco. Por ello, la situación podría tornarse en peligrosísima de no mediar un cambio radical en esta tendencia.
El apartado futbolístico es lo único que puede variar. Para ello, es necesario entrar en la senda de las victorias ya mismo. El resto de las cosas, incluida la famosa operación acordeón todavía inconclusa y de la que sabemos poco, es la que es y no tiene pintas de cambiar para bien. Así pues, todo tiene visos de seguir parecido, con los mismos protagonistas en el machito, con las mismas caras, los mismos gestos, el mismo 'estilo', la misma filosofía de club.
Así que hay que rezar porque, en estos dos partidos seguidos que el calendario pone ahora en La Romareda, el equipo que dirige Marcelino reaccione ya y sea capaz de ganar al Elche y el Murcia. Si se suman estos 6 puntos y, por tanto, se llega a los 8 de los 15 disputados en la jornada 5ª, las cuentas empezarán a verse de manera aceptable. Cualquier otra opción (4, 3, 2 ó 0 puntos), nos llevará a un terreno pantanoso y movedizo que mejor no pisar.
Dadas las circunstancias, de dónde venimos y hacia dónde vamos, el momento que atraviesa el Real Zaragoza en este balbuceante arranque de curso parece presentar un diagnóstico serio y muy a tener en cuenta: Todo lo que no sean capaces de hacer Marcelino y su heterogéneo grupo de futbolistas cada jornada en los partidos que marca el adusto calendario de la Segunda División, no lo van a aportar el resto de elementos, piezas (vaya con algunas) o niveles del club, entidad, sociedad anónima deportiva o tinglao, llamémoslo cada uno como prefiera.
Así que cada uno valore lo que tiene que hacer y cómo debe actuar. Los papeles parecen bastante definidos en esta dura travesía del desierto que acabamos de iniciar todos juntos. Que lleguemos al oasis final es menester.
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Paco Giménez
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7 de septiembre de 2008
De vuelta... la mula al trigo
Vuelve a rodar el balón de verdad y es momento de empezar de nuevo a intercambiar pareceres. Ayer, en La Romareda, cuatro meses después de la última vez, volvimos a saludar a muchos amigos, conocidos, colegas futboleros con los que, año tras año y lustro tras lustro, coincidimos en ese mítico estadio para el zaragocismo, cada vez más deteriorado e impropio de esta ciudad en 2008. Antes, durante y al final del primer partido como locales de esta liga, en el regreso doloroso a la Segunda División, ya pudimos charlar y gesticular por primera vez en la larga temporada que tenemos por delante.
Quise esperar hasta hoy para reanudar este vínculo a través de este blog. Quise establecer una separación palpable entre el caos del durísimo año pasado y el arranque de este nuevo capítulo, el tercero de la era agapitista-bandresista en el Real Zaragoza del siglo XXI. Una tregua de dos meses nacida con motivo de las vacaciones veraniegas y a la que dí continuidad durante toda la pretemporada. Consideré que era cuestión de ver, observar con detalle en qué iban a consistir los cambios o rectificaciones (si las hubiere) de Agapito tras su estrepitoso fracaso del año pasado, tras el descarrilamiento brutal de su proyecto ilusionante de hace poco más de 24 meses. No me apeteció nunca hablar aquí de las concentraciones de Navaleno-San Leonardo de Yagüe (Soria) o Villalba (Lugo), ni tampoco del resto de los bolos amistosos de este precario estío. Con lo escrito día a día en HERALDO DE ARAGÓN me parecía suficiente. Éste ha sido un verano lleno de decepciones, de gestos torcidos, de hundimientos morales de mucha gente que ama el Real Zaragoza y no era cuestión de redundar sobre un trabajo deficiente (así le han planteado Agapito y Herrera la pretemporada al nuevo entrenador, Marcelino, por culpa de sus decisiones y sus tiempos a la hora de ejecutar los cambios de jugadores en la plantilla).
Por eso quise esperar a que el equipo se presentara en La Romareda ante la Real en la segunda jornada de la liga. Soñando con que hoy domingo tuviéramos seis puntos en el casillero y encabezásemos la clasificación de Segunda desde el mismo inicio. El destartalado y arruinado Levante me parecía un rival muy accesible por su provisionalidad en el estreno liguero y la Real Sociedad, en nuestro campo, tendría que haber sido un rival batido en condiciones normales. No era descabellado soñar con tener ahora seis puntos.
Y también preví que el pasado miércoles era posible que el Zaragoza hubiese eliminado de la Copa a los donostiarras y, por lo tanto, pudiéramos vivir en estos instantes un inicio de curso prometedor, encarado hacia una reconciliación moral y deportiva que el Real Zaragoza necesita hace tiempo pero que sus dirigentes, sus caprichos y, por supuesto, la mala marcha en términos puramente futbolísticos, están haciendo imposible.
No ha salido como lo pensé y deseé. Al contrario, el equipo, a pesar de los numerosos fichajes y las numerosísimas bajas (decía Agapito que todo el mundo iba a seguir aquí, en un arrebato de orgullo mal concebido allá por mayo), parece no haber cambiado de cara. Todo sigue transcurriendo siempre lejos del mejor de los caminos, no hay manera de encontrar una carretera bien asfaltada para que el equipo transite sin baches ni sobresaltos.
En definitiva, que solo estamos al principio, camino de la tercera jornada en Las Palmas, y ya se han producido los primeros sofocones. Y las malas caras siguen porque, realmente, quienes las provocan y las patrocinan siguen ahí, en el machito, pensando que este cortijo es suyo por mor únicamente de cuestiones societarias. Sin darse cuenta que el Real Zaragoza tiene 76 años de vida, mucha tradición tras de sí y muchos sentimientos incomprables por nada ni por nadie. Y, a pesar de que Agapito ha traído gente nueva (forastera mayormente) a diversos puestos relevantes del staff del club, casi nadie se ha marchado. Hay duplicidad de cargos, masificación administrativa en los despachos. Hay muchos jefes y pocos indios. Y, lo que es peor, hay elementos nocivos que, increiblemente, siguen en sus puestos y tomando decisiones cruciales para la entidad. Eso, ex aequo con las dificultades para obtener resultados deportivos y cuajar un equipo competitivo, es lo más grave. Que la credibilidad del Zaragoza como institución está por los suelos. Y todo ello en plena 'operación acordeón', que ahí seguimos inmersos para intentar taponar el boquete financiero que ahoga a la S.A.D. hasta límites casi insostenibles.
En fin, amigos, que ya rueda el balón, que regresó la liga mal que nos pese (lo digo porque estamos en Segunda), que hay que intentar lograr el ascenso como sea y que, de momento, por mil detalles que ya conocéis de este verano, la cosa no va bien.
Me temo que, o Marcelino logra reconducir al equipo lo antes posible, o podemos estar en los albores de un año difícil en todos los sentidos. Como siempre, quedo a la expectativa de todo lo que vaya a ocurrir. Y os lo iré (mos) contando puntualmente.
Suerte, paciencia (queda poca, por lo que vi ayer en La Romareda) y, sobre todo, calma. Los nervios nunca traen nada bueno.
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11 de junio de 2008
Ranking de responsabilidades a 13 de junio
Me voy. Apago el ordenador y quito la corriente de la regleta.
Cansado de una temporada que, como dijo Zapater en febrero, han parecido cuatro. Hastiado de tanto conflicto, de tanta tensión, de tanto mal rollo. Aturdido todavía por ver al Real Zaragoza increíblemente en Segunda División. Preocupado por observar cómo está reaccionando la gente con mando dentro de esta S.A.D. que ahora POSEE el viejo y entrañable nombre del equipo de fútbol que nuestros ancestros crearon en 1932. Alucinado, en buena medida, por la manera en la que se está "modernizando" la empresa. Cabreado (en la intimidad) por ir descubriendo que lo de las raíces aragonesas es cada vez más secundario en el detalle, aunque el vínculo con la DGA (o sea, el Gobierno de Aragón) sea cada vez más profundo y explícito (en eso, en lo político, sí que resulta evidente el "aragonesismo" de este proyecto). Me marcho lleno de incertidumbres, las que me genera el aterrizaje de personas desconocidas, ajenas a la idiosincrasia de este mundillo del fútbol zaragozano, lejanas de origen y radicación. Cuelgo el ordenador sin tener claro lo que habrá aquí dentro de un mes o dos meses y, lo que es peor, sin ninguna confianza en que los rectores de este proyecto sepan reconducir el descarrilamiento al que nos ha llevado a todos (¿tendría que tener alguna confianza en quienes han llevado al Zaragoza a Segunda División de una manera tan lamentable como la que ha sucedido en 2008?)
Llegan las vacaciones y, más que nunca, necesito y quiero desconectar de este TINGLADO. Y lo voy a hacer. Cambio y corto. Se acabó para mí esta pesadilla de temporada.
Y a fecha 13 de junio, 26 días después de consumarse el descenso a Segunda División, 22 días después de la comparecencia del accionista de referencia del Real Zaragoza, Agapito Carmelo Iglesias García (él mismo dixit), el estado de las cosas dentro del club me deja al irme el siguiente panorama.
Responsables del descenso (con fluctuantes grados de culpa)
Miguel Pardeza, director deportivo. Presentó su dimisión irrevocable al día siguiente de hacerse realidad el fracaso y, tras una correctísima rueda de prensa, se marchó.
Manolo Villanova, cuarto entrenador del equipo. A pesar de mantener con vida al enfermo hasta el último instante, no logró revivir a un grupo destrozado bajo la administración del primer jefe del banquillo, Víctor Fernández, y al que sus dos sucesores (Garitano e Irureta) no pudieron cohexionar. Su perfil no era el buscado para dirigir al equipo en Segunda y, al día siguiente del fiasco le comunicaron que no seguiría en el banquillo del primer equipo. Se le va a buscar acomodo en el club (el filial de Tercera es la elección consensuada al final), pero lejos de los focos de la primera plantilla. Marcelino va a ser su sucesor, cobrando un poco más que él.
Roberto Cabellud, ayudante de Villanova en los dos últimos meses de temporada y encargado de la preparación física del equipo. Como el nuevo entrenador, Marcelino, ha traído consigo su equipo de trabajo al completo, donde Ismael Fernández y Rubén Uría van a hacer su labor (2 x 1), el oscense no tiene hueco. Se le ofreció un papel secundario que no ha aceptado y su destino está fuera del club porque él ha decidido marcharse.
Jesús Gómez de la Fuente, director de márqueting. Ha sido despedido a través de una comunicación oficial interna entregada por el presidente Bandrés. Este madrileño, hermano del consejero (y hombre fuerte de Agapito) José Antonio Gómez de la Fuente, llegó de la mano del nuevo equipo dirigente hace dos años. Su presencia nunca fue bien acogida entre las gentes del club y su labor es difícilmente evaluable por escasa.
No responsables del descenso del club (y por ello, reafirmados o reforzados en sus cargos)
Agapito Iglesias, accionista mayoritario. Intocable al ser el dueño de la mayoría de las acciones. O vende, o es imposible que su figura pueda desaparecer. Lejos de quedar afectado por su fracaso, su reacción ha sido la de seguir adelante con todas las consecuencias. Con el dinero por montera y apelando a su poderío económico, ha retado al destino y va a seguir encabezando "su" Zaragoza en Segunda División con aires de Champions League. Él ha roto el juguete, él quiere arreglarlo.
Eduardo Bandrés, presidente ejecutivo. No ha presentado su dimisión irrevocable y, por lo tanto, no se ha marchado. Sigue. Dice que puso su cargo a disposición de Agapito el mismo día del descenso en Mallorca, pero el dueño soriano le dijo que no se iba. Y ahí continuará, siendo el único presidente ejecutivo de Segunda División. Un hombre récord.
Pedro Herrera, secretario técnico. Cuando Pardeza dimitió irrevocablemente, Herrera tenía día libre y no se dio por aludido. Después, tampoco se ha sentido señalado. No merece la pena hablar mucho más de este asunto. Dos descensos en la secretaría técnica le contemplan. Su guerra santa por seguir en el cargo, utilizando por arriba a sus jefes y por abajo a sus "súbditos", él sabrá por qué tiene razón de ser. Él y los otros. Y también nosotros, a los que, después de 20 años en este TINGLADO, la única manera de intentar devaluarnos en nuestro mensaje es decir que hablamos o le acusamos "desde el desconocimiento". Curiosamente, es una letanía que repiten desde hace días sus "súbditos", a modo de grito guerrero. ¿Desconocimiento o demasiado conocimiento?. El tiempo y los momentos adecuados serán jueces insobornables.
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Para que todo esto sane, el tratamiento curativo empieza a tener ya medicinas con nombres y apellidos. Los nuevos medicamentos que han de llevar al Zaragoza de nuevo a Primera.
Marcelino García Toral. Asturiano. Entrenador. El segundo mejor pagado del fútbol español.
Rubén Uría. Asturiano. Segundo Entrenador.
Ismael Fernández. Asturiano. Preparador Físico.
Ernesto Bello. Gallego. Gerente de la Ciudad Deportiva y miembro de la Secretaría Técnica.
Antonio Prieto. Madrileño. Secretario Técnico Adjunto.
Óscar Luis Celada. Asturiano. Médico. Nuevo médico de la primera plantilla.
Luis Sol. Marroquí de nacimiento, aragonés de residencia desde hace décadas. Nuevo responsable de las relaciones con los Medios de Comunicación.
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Faltan muchas más medicinas por administrarse, fundamentalmente en la plantilla de jugadores. No sé si en el "staff" directivo, aunque Bandrés dijo el otro día que el organigrama estaba prácticamente cerrado, aún puede haber alguna sorpresa de última hora. Será cuestión de esperar, como siempre. No hay prisas cuando el desastre está consumado y la travesía del desierto va a ser larguísima en una temporada que empezará el 31 de agosto y acabará el 21 de junio (el año que viene, por estas fechas, aún estaremos jugando en la liga de Segunda).
Me voy.
A la vuelta, a mitad de julio, seguiremos el análisis de situación. Promete ser un verano cargado de contenidos. Ojalá que la mayoría salga bien. Lo justo para que dentro de un año el horizonte zaragocista sea mucho más limpio. ¿Será posible?.
Salud y acierto para todos.
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Paco Giménez
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31 de mayo de 2008
Marcelino
Fin de la segunda semana tras el descenso. Ya hay nueva relevante. Marcelino García Toral es el protagonista. Un llamativo protagonista para llevar las riendas del banquillo zaragocista el año que viene en Segunda División. Una figura emergente en el fútbol español desde hace dos temporadas que, a golpe de talonario (no es nuevo el método) Agapito Iglesias ha logrado convencer para venir a Zaragoza. Hace un manojo de días, Marcelino no valoraba ni un solo segundo entrenar en Segunda, por supuesto. Su éxito magnífico al frente del modesto Racing de Santander, al que ha metido en la UEFA por primera vez en su larga historia con una plantilla justita y baratísima en costes, le abría puerta más importantes, más sugerentes, más seductoras en el ámbito deportivo. Él rechazó algunas de esas invitaciones (Valencia fue la más sonada) porque Marce (así le llaman sus cercanos) es un tipo con personalidad acusada. Se toma muy en serio su trabajo, concede valor importante a los matices relativos a su grado de mando en un vestuario. Así ha sido hasta ahora. En Gijón, en Huelva y en Santander, dentro de la burbuja del fútbol grande en la que hace un lustro que apareció con sigilo pero con ímpetu moral, algo que, a base de buenos resultados, le ha catapultado a lo más luminoso del escaparate del balompié español en estos momentos.
El fracaso de Agapito y compañía, estrepitoso e histórico en un momento inoportuno a más no poder (75 aniversario, expo, campo nuevo en ciernes...) ha llevado al industrial soriano a echarse p'alante y sacar la chequera para convencer al entrenador de moda ("me temblaron las piernas", reconoció Marcelino el día de su presentación, cuando hacía referencia a la conversación donde Agapito "le convence").
Está claro que es un gesto de 'poderío' a la vez que de miedo y respeto. Es esa mezcla de sentimientos que une la bravura de quien contempla su billetera sin límites, con el tembleque que produce tamaño descalabro como es el del descenso y el sudor frío que entra si se mira a la bola de cristal (¡ah, la bola!) y se mesura la pesadilla que podría significar un nuevo fallo de cálculo y no lograr en junio que viene el ascenso a Primera, algo que es ya un elemento irrenunciable para esta institución.
Saben todos ahí dentro que este año "todo lo que no sea ascender es un fracaso", como también admitió Marcelino en su primera rueda de prensa como zaragocista. Hay que buscar golpes de efecto, dar señales de vida ulterior, emitir mensajes que puedan calmar la desazón de la inmensa mayoría del zaragocismo tras fraguarse en Mallorca el fatídico 18 de mayo el despeñamiento a Segunda.
La faena para Agapito y compañía (esta vez, la 'compañía' puede extenderse y abarcarnos a todos los zaragocistas, no solo a los que están al mando) es que los fichajes, por sí mismos, aunque sean tan mediáticos y vistosos como el de Marcelino (ya lo fueron antes los de Ayala, Aimar, D'Alessandro...¿Se acuerdan?) no ganan partidos; no garantizan los objetivos. El Zaragoza empezará la liga con cero puntos, no con 10, ni con 15, por el hecho de haber traído a este entrenador o a aquel o aquel otro jugador. ¿Después del estacazo que se han llevado los directivos zaragocista (y sus palmeros de cámara) este año con su 'proyecto ilusionante', serán capaces de volver a entrar por ese mismo sendero luminoso o de iluminados? ¿O valorarán que igual es mejor esperar y ver día a día cómo van las cosas?
Son buenas intenciones, son proyectos hechos con la mejor de las ideas siempre, pero no se pueden valorar o rentabilizar hasta que no llega el momento de la verdad. Marcelino tiene ante sí un reto monumental. Un único reto. Y una presión añadida brutal por la idiosincrasia que tiene el lugar donde va a tener que desarrollar sus conocimientos, sus positivas experiencias anteriores. Esto no es Gijón en Segunda. Esto no es Huelva. Esto no es Santander con un equipo nuevo y desmantelado de algunas de sus principales piezas (le quitaron a Zigic, Felipe Melo, Scaloni...). El bueno de Marcelino, cuya suerte y tino será el de todos los zaragocistas, va a trabajar en una ciudad de Primera, con una afición de Primera, con una entidad que tiene vocación de Primera, pero que por la nefasta gestión de sus dirigentes, se ha ido a Segunda. Y se encuentra un equipo roto en pedazos, lleno de figuritas desmembradas, de gente dispar que no va a cuadrar con su ideal de caseta y grupo. Y se va a encontrar con unos 'jefes' como no ha tenido ni en el Racing, ni en el Recre, ni en el Sporting. Aquí nada es igual. Aquí hay hechuras de grande, de rico, de poderoso, de ambicioso como pocas veces antes se dio. Y eso genera un modo de actuar que diferencia al Zaragoza del resto de equipos del fútbol de Segunda División (claro está) e incluso de más de la mitad de los de Primera (los de mitad de tabla para abajo).
El mundo del fútbol es fácilmente ilusionable (o decepcionable, según sean los momentos). El carácter de mucha gente que pulula alrededor de esta historia es harto voluble, sencillamente manejable. Por eso, no resulta extraño observar reacciones de euforia, de exaltación del espíritu, de hasta cierta prepotencia (esto solo aplicable a los dirigentes) tras la consumación de la contratación de Marcelino.
Este tipo de reacciones tienen su parte buena (las heridas, para muchos seguidores, cicatrizan enseguida), pero también su parte mala (se olvida con ligereza en verdadero envoltorio en el que se mueve un equipo fracasado).
Marcelino está muy bien. De entrada, es una buena noticia para comenzar a montar el equipo que debe sacar en una sola campaña al Zaragoza del pozo de Segunda. Es probable (seguro) que, en el catálogo de entrenadores que presentaba el mercado ahora mismo para captar al capitán del ascenso del año venidero, Marcelino reuniese las mejores condiciones. Pero nadie puede pensar que con su sola adquisición ya está hecho medio ascenso. Ya quisiéramos que así fuera.
Y, sobre todo, nadie en la entidad zaragocista puede ir de campeón y utilizar este fichaje, fraguado únicamente a base de chequera, para intentar borrar el pasado recientísimo y proclamar la 'Ley del Punto Final' y la derogación de la memoria histórica.
Al Zaragoza pueden venir en los próximos 13 meses Marcelino (ya ha venido, de hecho), Cruyff, Maradona (no demos ideas a Buitrago y Mascardi), Pelé y Beckenbauer. Ellos y sus herederos. Lo que ocurrirá, en cada caso, es que vendrán a un equipo que el 18 de mayo se precipitó a Segunda División y, por lo tanto, es hoy de Segunda División.
Agapito, accionista de un equipo de Segunda División, y Bandrés, presidente ejecutivo de Segunda División, no tienen en estos momentos ninguna legitimidad para reprochar nada a nadie. Nada. Absolutamente nada. Como reconoció Agapito en su peculiar comparecencia del martes pasado, en estos momentos ha "fracasado" y lo único que puede y tiene que hacer es reconducir urgentísimamente el rumbo de la nave.
Y, cuando uno fracasa, su conducta tiene unos condicionantes y unas limitaciones marcadas por el sentido común y por el del ridículo. Alguno, dentro del club, o no los conoce, o se los ha saltado en unas actitudes que solo se pueden calificar de lamentables. Otros, fuera del club, son libres de jalear lo que consideren oportuno. Probablente, quien se siente cómodo aplaudiendo y ponderando valores, situaciones y actitudes de Segunda División es porque se siente cómodo en esos territorios.
Que Dios y sus conocimientos iluminen a Marcelino a partir de ya mismo (y que le dejen trabajar con arreglo a sus criterios) para diseñar una plantilla capaz de devolver al Zaragoza a Primera en solo un año. Bien estará si bien termina. Por el momento, el inicio parece el adecuado. Quedan muchísimas cosas por hacer y decidir. Y sobre todo, a partir de agosto, 42 partidos por jugar. Evidentemente, la historia se escribe día a día. Así la iremos contando y analizando, como siempre.
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26 de mayo de 2008
La peor semana del zaragocismo
Voluntariamente he estado una semana sin actualizar este blog. No podía. Varias veces me he llegado a sentar delante del ordenador con la intención de hacerlo, pero lo he dejado correr. El viernes me marqué una obligación moral: volver a escribir, pasara lo que pasara, como muy tarde hoy lunes. Una semana exacta después del descenso, un periodo prudencial de reposo nervioso y de poso mental que evitase mensajes, gestos, palabras gruesas. Y, con cristiana resignación, lo voy a hacer.
Me cuesta acostrumbrarme a lo que veo, a lo que observo en torno al Real Zaragoza tras la catástrofe fraguada el domingo pasado en Mallorca. Estamos en Segunda y para algunos eso parece un tema no transcendente. Siguen soñando con que la tormenta de críticas y dedos señaladores pase en un par de semanas, el temporal amaine y, con ello, su permanencia en el cargo (qué afán) pueda fraguarse con un simple perdón, con un "hemos aprendido la lección y no nos volverá a ocurrir" o, lo que es peor, con el silencio y la ocultación (verdad, Herrera), acabar expandiendo una petición de Ley del Punto Final que sugiera e impida hablar más del pasado y solo permita hablar en claves de futuro.
Y va a ser que no. Que no tragamos. Que aquí en Aragón todavía queda gente no manipulable. Que la borregada es cada vez menos numerosa. Que las riendas de la actualidad no las pueden controlar al 100% desde el Gobierno, o desde sus resortes mediáticos autonómicos, o desde los sótanos de la fontaneria política de 'Pignatelli Building' en 'Maria Agustín Street'.
Que, aunque sea duro y desagradable, aquí aún queda periodismo independiente. Gente que no tiene que agradecer nada a nadie de los que llevan los mandos del juguete político. Medios que no tienen que agacharse a recoger las migajas que desde arriba les tiran para seguir respirando.
Este no es un dibujo prepotente ni un ataque hacia nadie. Os lo aseguro. Que en dos décadas de habitar en este mundo, uno ha pasado por diversas estaciones, conoce el percal y a sus sujetos protagonistas. Y todo el mundo tiene su mérito, su valor y su derecho a vivir. Faltaría más.
Pero, cuando las cosas se enconan, cuando el juego turbio prolifera (y con esto del fútbol, en Zaragoza, hace varios meses que es lo que predomina), sí que es conveniente que cada uno salga retratado en el lugar que le corresponde. Y nada de lo que sucede es gratis. Y nadie ocupa su lugar por que así lo haya querido la divina providencia. El mundo, la naturaleza, acaba ubicando a cada especie en su hábitat más adecuado. Lo mimetiza para que se adapte a su medio ambiente correctamente y lo define como individuo. Y en este asunto del fútbol, la política y todo lo que les rodea, cada personaje tiene (tenemos) un papel claro, definido y derivado del inevitable flujo causa-efecto.
Han sido 8 días complicados. Ayer, sin ir más lejos, nos extrañaba en la redacción de HERALDO DE ARAGÓN cómo, a media tarde, estábamos siguiendo con inusitado interés los resultados de la Segunda División. "Gana el Córdoba al Numancia... al final habrá que ir a Córdoba el año que viene porque no va a bajar", decía uno. "El Ejido también gana al Elche y lo mismo se salva todavía y hay que viajar hasta allá abajo", contestaba otro. "Vale más que se quede en Segunda el Sporting que la Real Sociedad, así la categoría será menos potente", apuntaba un tercero. Y así durante más de dos horas de manera espontánea. ¿Qué hacemos valorando esto, qué ha pasado aquí?, nos preguntábamos todos a eso de las 21.00. Pues es muy sencillo: nos hemos caído de la elite, este Real Zaragoza agapitista nos ha llevado al infierno por el peor de los caminos.
De estos últimos días me quedan otros regustos amargos. La comparecencia pública de un desabrido Agapito Iglesias, grosero y desubicado si tenemos en cuenta su aptitud como dirigente deportivo y los resultados de su proyecto con el equipo de esta región: estamos en Segunda, amigo mío. Un tipo a la defensiva, un elemento con aire flotante en el rotundo mundo del fútbol, que exige mayor aplicación, mayor destreza y menos tinieblas.
Tampoco me dejan buen cuerpo los modos que, dentro del club, están llevándose a cabo con mucha de la gente que trabaja ahí dentro. Es cuestión de estilo, de educación, de detalles que dejarán a cada uno en su sitio cuando todo pase.
En fin, que no quiero alargarme más. Hoy arranca la segunda semana post-descenso. Y, como nos han anunciado, espero que comiencen a moverse las cosas para revolucionar un club que necesita caras nuevas pero, sobre todo, que desaparezcan de cuajo varias caras viejas. La catarsis no puede ser por acumulación, sino que ha de ser por sustitución. Y, de momento, al único que se puede sustituir es a Pardeza. Nadie más se ha marchado.
Seguiremos atentos el paso de las próximas horas. Y días. Y semanas. Y meses. El verano va a ser larguísimo. Quizá interminable.
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20 de mayo de 2008
Vergüenza torera
Eso es lo que deberían tener los responsables del Real Zaragoza en todos los ámbitos del club a partir de anoche cuando se consumó el descenso a Segunda División en Mallorca. Sentido responsabilidad, capacidad de autocrítica y, sobre todo, sentido del ridículo. Que el equipo más caro de la historia del club se les haya ido a Segunda es lamentable, intolerable, inconcebible. Tienen un difícil perdón de una afición sobresaliente, magnífica aun en las mayores adversidades de un año penoso lleno de esperpentos. Realmente, tienen un difícil perdon entre ellos mismos; porque entre todos han sido capaces de destruir tanta ilusión y tanta fe de una gente buena que confió en tipos que, en definitiva, a estas alturas, no tienen mayor categoría que la de charlatanes. Muchas promesas, mucho humo, pero al final, un fracaso sin precedentes que nadie, en los confines del mundo futbolístico, acaba de creerse y explicarse.
Por el momento, solo uno de ellos ha dado el paso adelante. Miguel Pardeza, el director deportivo desde hace 6 años, ha dimitido hoy irrevocablemente. O sea, con vergüenza torera. Se come con patatas su parte alícuota de culpa y se va a su casa. Deja atrás un sueldo multimillonario que le ha hecho de oro en el último lustro (un poco más de lo que ya lo era tras muchos años como jugador estrella) y se va a su casa. Reverencia para un hombre que, en el cómputo global de su responsabilidad en el club, suma más cosas positivas que negativas, aunque estas últimas se hayan acumulado nocivamente en los últimos 20 meses hasta destrozar su curriculo. Así se actúa cuando el fracaso de un proyecto o una empresa es del tamaño del que acaba de sufrir el Real Zaragoza.
La pregunta siguiente sale sola del cerebro de cualquiera que aplique la normalidad a sus actos y a sus hechos. ¿Solo se va él? ¿Y Pedro Herrera a qué espera?. En definitiva, el área técnica y deportiva del club la conformaban desde 2002 los dos. Incluso es de ley reconocer y recordar que Pardeza vino para salvar el cuello del entonces fracasado Herrera, que como único responsable de tan importante parcela, había llevado al equipo a Segunda División igual que ha sucedido ahora: el año que más dinero se había gastado en toda su historia el club aragonés. Soláns, increíblemente, decidió tirarle un flotador y no lo destituyó (como pedía el más común de los sentidos). Le degradó, lo señaló negativamente poniéndole un jefe por encima, pero le perdonó el salario. Otros valores vería y tendrá Herrera para que siguiera siendo útil a pesar de tamaño desastre como el que produjo por entonces con sus erradas decisiones.
Pardeza, en su primer gran fracaso, ha tenido vergüenza torera y se ha bajado del barco en marcha. Sabe que aquí su credibilidad ya no es válida. ¿Qué pensará Herrera tras dos descensos en 14 años al frente de la secretaría técnica para no seguir el mismo camino que su compañero de fatigas? ¿No se da por aludido?
Mañana habla Agapito. ¿Anunciará continuidad? ¿Aquí no ha pasado nada?
Estimado empresario soriano: este proyecto está hundido. A los ojos de la mayoria de la gente (la no interesada en esta historia personalista y extrafutbolística que envuelve al actual Zaragoza) la habéis cagado. Fuertemente. De forma muy dañina para la historia de este club y para la imagen de esta ciudad y de este club señero en el fútbol español y europeo. La continuidad solo traerá más daño. Hace falta, como me dijo hace unas semanas alguien importante de detrás de las bambalinas de esta entelequia que es ahora la entidad, "un legrado completo".
Quedo expectante. A ver por dónde sale el primer movimiento de alturas tras el fracaso más grande de toda la vida de mi Real Zaragoza (yo también lo tengo por mío, aunque seguramente por muy diferentes razones a las tuyas). A ver si hay alguna dosis de vergüenza torera como la que hoy ha demostrado Miguel Pardeza con su anuncio sin vuelta atrás.
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14 de mayo de 2008
Último baile. Y sin bises
Se acaban los argumentos. Se terminan las excusas. Ya no sirven los giros verbales. Se pone punto final a tanto despropósito y a esta pesadilla de temporada. En pocas horas (cuatro días, después de semejante peliculón, son solo unas horillas) vamos a saber si el Real Zaragoza consigue permanecer en Primera División o si desciende a Segunda. El domingo a las 20.00, el desenlace tendrá cara, forma, color y olor. Ha llegado el 18 de mayo, esa fecha emblemática que tan lejos ha parecido a muchos durante muchas fases del tortuoso camino que ha dibujado el equipo aragonés a lo largo y ancho del discurrir de esta Liga 2007-08.
Mallorca es el lugar marcado para definir el futuro del equipo aragonés. En la Liga de su 75 Aniversario como club, el último baile será en la isla balear. La última pieza. El vals definitivo. Y la Liga no concede bises. No se contempla ninguna prórroga. Cuando el árbitro pite el final del choque de Son Moix, ahora Ono Estadi, la suerte estará echada para bien o para mal.
En estas horas previas, poco hay que hablar. Todo está dicho. Requetedicho. De nada sirve a estas alturas volver a girar otra vuelta más alrededor de los mismos lugares comunes. La realidad del equipo, de la entidad, de sus dirigentes, es la que es y no admite dudas ni debates añadidos. Todos están retratados. Todos tienen escritos sus cargos, sus culpas y, si se aplica el sentido común, hasta sus penas.
Es cuestión de esperar. Ya nada se puede hacer a estas alturas que no se haya hecho durante más de nueve meses. El fútbol todo lo termina. No ha habido nunca una liga inacabada, o una Copa inconclusa. Todo se acaba.
El sueño de todo zaragocista es que, en contra de la trayectoria del equipo fuera de casa durante más de año y medio, en contra de la racha mallorquina, en contra de lo que dicta la lógica, el Real Zaragoza sea capaz de vencer el domingo en campo bermellón y logre salvar el pellejo in extremis para poder acometer la revolución que este fracaso merece en Primera División. Ese sueño, ese deseo profundo, no puede pasar de ser algo etérico en estos preliminares llenos de nervios. Nada se puede aportar más que suspiros ansiosos.
Así que, en la medida en que cada uno lo sepa llevar, nos aproximamos ya a vivir horas y minutos cargados de tensión personal y grupal, instantes en los que todos, en la medida en que el futuro del Real Zaragoza afecta directa o indirectamente al ánimo y el día a día de cada individuo, no podemos quitarnos de la cabeza este episodio culminante de Mallorca.
Solo me parece momento de desear al equipo toda la suerte del mundo y, al colectivo zaragocista, un final feliz.
Ah, y como dato accesorio que me hace pensar en positivo, dejo al final una apreciación muy personal. Observo (y me cuentan que observan) muy confiado a Agapito. Sé que en el club se viene extendiendo poco a poco la percepción de que el domingo el Zaragoza va a ganar en Mallorca, con total seguridad. Dentro de la decepción generalizada, del miedo colectivo, de la angustia contagiada hace semanas entre todos los militantes blanquillos, no es un dato a desdeñar.
Si ellos están tan convencidos. ¿por qué no sumarnos los demás? Total, a estas alturas, ya no nos quedan alternativas. Ojalá que tengan sus razones.
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10 de mayo de 2008
Miedo
Esto se acaba. En unas horas se juega en La Romareda el último partido de la temporada del Real Zaragoza como local. Estas campañas que terminan con un Mundial o una Eurocopa son realmente cortas. Solo restará el choque del domingo que viene en Mallorca y, en un abrir y cerrar de ojos, la Liga habrá concluido. En realidad, habrán terminado todas las competiciones en todos los países europeos. Esta vez, a mitad de mayo, todo el mundo, todos los equipos, tendrán ya las notas definitivas del curso.
Y, un día antes de culminar el torneo en La Romareda, la mayoría de los zaragocistas tenemos miedo. Ese vértigo propio de los exámenes finales. Ese desasosiego habitual cuando no se tiene bien preparada la materia y, aprobar, va a ser cuestión de azar por encima de conocimientos y aptitud. El examen es durísimo. El Real Madrid, el campeón de Liga, estárá enfrente. No es una "maría" (aunque venga con algunas bajas y, supuestamente, relajado tras certificar su título). El zaragocismo, con los jugadores a la cabeza, tiene ante sí un reto de primerísimo orden. Si no se aprueba la cita con tres puntos, es posible que estemos ante un curso catastrófico. Solo quedaría una convocatoria más para arreglar el desaguisado, la de Mallorca en 8 días.
Anoche en el baloncesto. Por la mañana en la calle, en los comercios. Hoy en una reunión de amigos. Hace dos o tres días los vecinos futboleros. En la redacción del periódico. En la cafetería, en la gasolinera. En el colegio desde el pasado jueves a la vuelta de Valencia... en decenas de lugares, con infinidad de gentes conocidas o absolutamente anónimas, estoy impregnándome del sentimiento que reina en quienes siguen, quieren y sufren al Real Zaragoza. Y hay miedo. Todos tenemos miedo. Lo llevamos metido en vena desde hace muchos días (unos más, otros menos).
Mañana va a ser una noche para la historia de nuestras vidas. De esos días que, con el paso de los años recordaremos suceda lo que suceda. Va a ser "aquel día que vino el Madrid en la penúltima jornada y estábamos jugándonos el descenso a Segunda División con el Osasuna y el Recreativo en una pelea brutal, a muerte, y donde teníamos el peor calendario de todos".
Cómo nos gustaría a todos poder afrontar estos dos fines de semana (especialmente este primero) sabiendo mínimamente por dónde van a ir los tiros en la resolución de esta inquietante incógnita del descenso y la permanencia. ¿Serán los navarros los que se despeñen? ¿Serán al final los onubenses? ¿O nos tocará al final a nosotros?
Vamos a creer en que nuestro desnortado equipo (desde hace más de año y medio presenta ese mal) va a ser capaz de sacar fuerzas de no se sabe bien dónde, como el día del Deportivo o el Recreativo, y ganará este transcendental partido ante los madridistas, uno de los más decisivos como institución que ha podido jugar el Zaragoza en muchas décadas (sobre todo si el marcador final fuera de derrota y nos abocara al abismo de Segunda).
Se habla con facilidad de vencer al Madrid. Se utiliza como terapia, como circunstancia de normalidad para espantar los fantasmas que causan el terror mental a muchos zaragocistas. Se quiere creer a pies juntillas en el potencial del equipo aragonés como si estuviéramos en los mejores tiempos. Pero, en el fondo, la mayoría sabe que va a ser complicadísimo. Por ellos (aunque no vengan mentalizados al cien por cien) y, sobre todo, por nosotros. Por nuestras carencias, por nuestros nervios, por nuestros lastres. Todo eso que nos ha traído hasta aquí desde que este campeonato liguero inicio su camino allá por agosto del año pasado.
Han sido mil horas de discusiones, de forofadas, de ilusiones rotas, de un no querer creer lo que pasaba, de observar la desfachatez y los intereses particulares de varios "jetas" que negaban cualquier posibilidad de hundimiento en virtud de una hipotética calidad descomunal de esta plantilla, de aquel desarmado cuadro técnico, de un supuesto potencial económico de los nuevos regentes de la entidad tras la venta de Soláns. Y esto se acaba. Las discusiones siguen y seguirán por mucho tiempo. Las forofadas, también. Las ilusiones rotas ya no hay quien las discuta porque, son tan grandes, que no se pueden esconder debajo de la alfombra (como lo intentaron hacer en septiembre, octubre, noviembre e incluso diciembre). La incredulidad en el fracaso se ha convertido, con el paso de los últimos cuatro meses, en una vergonzante penitencia para conniventes y consentidores de los verdaderos padres de este desastre (unos aún siguen activos en el club, otros ya cayeron). Y la desfachatez y los intereses particulares de varios personajes, a pesar del descalabro total, permanecerá viva toda la vida porque forma parte de su ser. Otra cosa será que se consienta que sigan ejerciéndola con responsabilidad dentro o alrededor del Real Zaragoza.
Ahora son horas duras, de muchos sentimientos a flor de piel. De soñar con una victoria épica (otra). De esperar que haya otro peor que nosotros para irse a Segunda con el Levante y el Murcia. Y de desear que lo que venga, lo que haya que hacer, esa regenación total que demanda este club, este equipo, esta entidad, este entorno zaragocista, se pueda producir y contar en Primera División.
Es un mayo de miedos. Un mayo crucial para el devenir del Zaragoza. Y, de repente, miro al calendario de al lado de la pantalla, y recuerdo que hoy es 10 de mayo. O sea, que hace 13 años ganamos la Recopa en Paris al Arsenal. Y lo que pensamos que sería el suelo para impulsarnos y crecer hasta ser grandes de verdad, acabó convirtiéndose en nuestro techo histórico. Y que, una vez se marchó hace 2 años Alfonso Soláns Soláns (que parecía ser el tapón a ese desarrollo expansionista del equipo), nos hemos topado con una gente fantasmagórica, con caras difusas, ocultas, correas de transmisión extrañas, promesas grandilocuentes, modos tan nuevos como desorientadores, que han acabado por llevar aquel evento del Parque de los Príncipes parisino al mayor de los idealismos en un colectivo que ha perdido toda la credibilidad en quienes dicen llevar las riendas de esta historia viva que es el Real Zaragoza.
Ojalá que, del miedo, surja la inspiración. Y, de ella, el flotador que necesita el equipo para no caerse al fondo del agujero. Suerte y acierto para todos. Y que no suframos demasiado es menester.
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4 de mayo de 2008
Otra jornada redonda
No solo se hicieron los deberes ante el Deportivo en esa épica victoria por 1-0 con el ya famoso hasta la posteridad gol de Ayala. No solo, minutos antes del comienzo de ese choque ante los gallegos en La Romareda, el Recreativo había perdido 3-0 en el Vicente Calderón ante el Atlético. Es que, como sucedió hace 15 días cuando el Real Zaragoza venció 3-0 a los onubenses, el resto de los implicados en el descenso por proximidad de puntos también cayeron ayer domingo y el pelotón que ha vuelto a juntarse en la pugna por eludir la tercera plaza de descenso es ahora de seis implicados: Getafe, Valladolid, Valencia, Zaragoza, Recreativo y Osasuna están en apenas 2 puntos de distancia (de 40 a 42). Y eso contando con que Betis (45), Athletic de Bilbao (46) y hasta el Espanyol (48) aún no tienen matemáticamente cerrada la salvación a falta de 9 puntos para que la Liga concluya.
El Murcia es ya, junto con el Levante, equipo de Segunda División. A los dos equipos del arco mediterráneo les falta el tercer acompañante al infierno. La mejor noticia de esta jornada es que el cuadro zaragocista ha salido de ese mortal puesto 18º que ostentaba hasta el sábado. Ya no está en posición de perder la categoría y su relevo lo ha cogido el vecino Osasuna de Pamplona. Los navarros, por golaveraje (sí, golaveraje, con jota, que la palabra está admitida y españolizada por la Real Academia de la Lengua en su última revisión y recomendada por la Fundeu), caen al pozo en su igualdad a 40 puntos con el Recre.
El Zaragoza, por lo tanto, partirá en la 36ª jornada, pasado mañana miércoles en Mestalla, con total dependencia de sus propios hechos. No depende de terceros. Con 41 puntos, uno por encima del nivel de asfixia, tiene la vida en sus manos otra vez. Y el Getafe, el Valladolid y, lo que es más importante ahora, el Valencia (próximo rival), están con 42 a tiro de piedra. Ganar en Mestalla sería un golpe de mano cuasi definitivo.
Las cuentas, de nuevo han experimentado la mejoría que propician los resultados favorables. Ahora falta volver a cumplir la tarea. Esa tarea que fuera de La Romareda es una quimera completar desde hace muchísimos meses. Los empates, en estas circunstancias, resultan insuficientes y abren mil incógnitas. Los aclarados se logran de tres en tres.
Como se preveía hace un par de meses, el duelo de Mestalla va a ser una final a cara o cruz para los dos históricos metidos en graves apuros. El Valencia llega lacerado en Barcelona, con un humillante 6-0 encajado que prepara una olla a presión con su propio público en poco más de 48 horas. Si el Zaragoza (que irá muy disminuido por las ausencias de Zapater, Sergio Fernández y Celades, sancionados por 5 amarillas) lograse adelantarse en el marcador, el lío en el campo del Valencia podría ser estruendoso y convertirse en un aliado más de los aragoneses.
En cualquier caso, a esta hora del domingo por la noche, la satisfacción llega en lo inmediatamente anterior, en lo vivido esta tarde. Se ha completado otra jornada redonda. Como decía Ayala esta mañana, algo parece haber cambiado en las últimas 3 semanas en el entorno del Real Zaragoza. Las cuestiones de fortuna empiezan a sonreir. No es mala cosa cuando alguien está tan apurado. Mejor así.
Ahora, como desde hace muchas semanas, sigamos haciendo cuentas. A ver quién las cuadra.
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Paco Giménez
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2 de mayo de 2008
Nerviosismo, miedos... y una profunda fe invisible
A 24 horas del comienzo del partido del Real Zaragoza frente al Deportivo muchos zaragocistas es posible que advirtamos en algún recoveco de nuestro cerebro una extraña sensación de ansiedad. Es un sentimiento propio de las antesalas transcendentales de la vida. No quiero pecar de exagerado, pero es algo así. Con la llegada de mayo, al advertir que solo quedan dos semanas naturales de Liga, que al equipo solo le restan 4 partidos para intentar eludir el descenso a Segunda División que ahora mismo indica su clasificación, es natural que brote el nerviosismo entre quienes, de una u otra forma, sienten algo por esta historia del fútbol en Zaragoza. A solo 360 minutos para que se termine este triste campeonato 2007-08, y por más que uno intente estar frío y controle a más no poder sus reacciones, es natural que haya miedos. Muchos miedos inabordables. El fútbol es algo importante en la vida de mucha gente. Es algo que a nuestros bisabuelos les volvería locos y no entenderían. Pero, de un siglo a esta parte, el balompié ha pasado a ocupar grandes nichos de relevancia, no solo en el día a día individual de medio mundo, sino en los resortes económicos y sociales de infinidad de ciudades del planeta.
Por eso, un descenso a Segunda División como el que amenaza desde hace semanas al Real Zaragoza, en sus particulares y graves circunstancias económicas, políticas y empresariales, da verdadero pavor. El partido de mañana ante el Deportivo tiene un calado brutal, enorme, respecto del futuro de este tinglado en nuestra ciudad. Como lo tendrán (Dios quiera) el siguiente del miércoles en Valencia, el penúltimo ante el Real Madrid del próximo domingo, y el último y definitivo del día 18 en Mallorca.
Considero que nunca hasta estos momentos ha habido una recta final de liga tan decisiva y solemne como es esta para el Real Zaragoza. La supervivencia está en juego. El enfoque de un proyecto multimillonario, que excede lo puramente futbolístico o deportivo. Un fracaso de este calibre no se sujetaría bajo ningún concepto y el devenir de los acontecimientos es imposible de dibujar ahora mismo, no tiene cara concreta.
En esa nebulosa de temores, una docena de popes no viven desde hace días. Y miles y miles de aragoneses y zaragocistas tampoco, aunque los motivos de ambos grupos sean bien diferentes. Estos últimos, porque no conciben que su equipo de toda la vida vuelva a dar con sus huesos en Segunda División el año en el que se ha hecho la plantilla más cara de la historia dentro de un proyecto que vendió ilusión a toneladas (sin ningún cimiento, por lo que luego se ha visto). Y los primeros, porque los planes macroeconómicos que han rodeado a esta iniciativa difusa desde el primer día podrían sufrir un revolcón indigerible, insostenible, injustificable de cara a los grandes núcleos del poder de esta comunidad autónoma.
Así que, cuando ya se ve el final del camino, cuando las cuentas empiezan a no salir, cuando se aprecia que la tarea que hay que sacar adelante es una montaña infinita de dificultades, el cerebro empieza a emitir señales de pánico que, como sea, habrá que superar (especialmente los que se visten de corto y juegan los partidos en el campo).
Así, creyentes y no creyentes, se alivian inconscientemente a través de un hilo invisible de fe, que no se sabe bien de dónde surge, pero que mantiene viva la llama de la esperanza de que, al final, el Real Zaragoza, dentro de dos semanas, logre su salvación y no caiga a la Segunda División.
Ahí estamos. Mañana, en La Romareda, haremos una puesta en común de nuestros sentimientos.
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29 de abril de 2008
Sube el nivel del agua
Escena de "La aventura del Poseidón". El transantlántico, volcado indefectiblemente por la fuerza de una ola de más de 30 metros en mitad del Mediterráneo se ha invertido. El techo es ahora el suelo y viceversa. El agua lleva entrando varias horas por las múltiples vías que se han abierto tras el letal accidente causado por un maremoto. Varios pasajeros están atrapados y aturdidos por el brutal impacto que ha puesto al barco totalmente al revés. El agua va subiendo poco a poco de nivel en la parte inferior del interior del casco. El plano enfoca a una de las protagonistas que, inmóvil de pies para abajo, observa histéricamente como el ras ya le supera la barbilla. En apenas unos minutos el agua le entrará en la boca. Quienes intentan ayudarla, son incapaces de soltarla del atolladero en el que se halla atrapada bajo el nivel del agua marina que cubre todo un gran salón. Y, si no lo logran, la malherida tendrá una muerte segura, en el momento en el que el agua alcance la altura de su nariz. Son varios minutos de suspense, de desasosiego para el espectador, para quien observa y vive este oscarizado largometraje (1972) desde su butaca o sofá. Es una de esas escenas que a uno se le quedaron grabadas para siempre desde niño cuando vio esta joya del cine de catástrofes.
Algo así está viviendo el Real Zaragoza desde hace muchos días. Y, con él, todos los que, desde fuera del campo, están intentando tirar del equipo hacia afuera del ahogamiento que, milímetro a milímetro, anuncia su desenlace por la próximidad fatal de la falta de oxígeno a las vías respiratorias del cuadro blanquillo. Hace muchos meses que la ola gigante volteó a este proyecto, aunque a muchos les costase darse cuenta de la gravedad del accidente de temporada que se estaba produciendo. A los pasajeros del Poseidón también les pilló de improviso el vuelco de su lujoso barco, en plena celebración de la Nochevieja, borrachos de felicidad en un viaje de lujo que advertía experiencias selectas para los ricos y nuevos ricos que en el buque viajaban. No se enteraron de lo que realmente pasó hasta que ya era muy tarde para la inmensa mayoría de ellos. El capitán hizo sonar las sirenas de alarma cuando advirtió el maremoto, pero la gente confundió el aviso con la celebración de la llegada del nuevo año.
Ahora, los verdaderos protagonistas de la historia de supervivencia del Real Zaragoza están siendo los seguidores, los abonados, los forofos que, como siempre, acuden incondicionalmente y se sacrifican por envolver al equipo con el mejor de los ambientes a ver si, así, consigue ganar los puntos que durante todo el año se ha dejado por el camino de forma lamentable ante la complacencia de muchos invidentes de la ola que venía. Esos protagonistas ajenos al puente de mando, ajenos a la tripulación de lujo del paquebote que, en centenares, viaja, grita, llora, siente los colores como nadie.
El problema es que ellos no marcan goles. Ni los salvan. Solo pueden cantar, animar, estar presentes. Incluso cuando hasta hace mes y medio han estado en un segundo plano por la prepotencia de los mandos, por encima del bien y del mal a pesar de que el barco se les hundía entre las manos por su mala administración.
En el Poseidón, hay unos pocos supervivientes al final del largometraje. El barco se hunde, pero no todo desaparece con él. Al fondo del mar se va uno de los barcos más lujosos de la historia (historia muy parecida a la del Titanic), pero hay vida tras el naufragio. Poca, pero la hay. In extremis, es posible realizar un mínimo rescate. Amén.
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Paco Giménez
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26 de abril de 2008
El Real Zaragoza, a los pies de Montjuic
Jueves, viernes, sábado... y domingo. El Real Zaragoza ya está en Barcelona, alojado en la impresionante Plaza de España que es antesala de las fuentes de Montjuic, del Palacio Nacional, de la avenida de la Reina Maria Cristina, de la montaña olímpica donde mañana se juega 3 puntos vitales para su supervivencia en la Primera División del futbol español. Atrás quedan 48 horas en El Montanyà, un hotel de la sierra de la Cataluña interior donde, a 66 kilómetros de la capital barcelonesa, el equipo aragonés ha llevado a cabo una concentración extraordinaria en busca del mejor de los ambientes para afrontar un examen de tanta responsabilidad y calado para el futuro de la entidad.
Desde las ventanas de los pisos altos del Hotel Plaza se divisa al fondo el estadio Lluis Companys. Su majestuosa fachada, sus alrededores verdes rubricados por el pirulí de telecomunicaciones que acabó siendo uno de los logos de los Juegos Olímpicos de 1992, con su forma curva que dibuja el arranque de una espiral. Ahí se juega el Zaragoza 3 de los únicamente 15 puntos que le restan a esta Liga que ya vive sus últimas etapas, las decisivas. Será un duelo tenso, lleno de nervios previos, de emoción en la grada (con más de 2.000 zaragocistas animando a su equipo sin desmayo).
El Real Zaragoza está mentalizado al máximo. Los dos días en Seva, a pies del Montseny, han cargado las pilas de los futbolistas. Manolo Villanova está contento por la respuesta de la plantilla y es optimista. Al menos eso nos cuenta a quienes estamos siguiendo el día a día (el minuto a minuto) del plantel. La salida del ambiente rural del monte y la llegada a la ruidosa y vertiginosa ciudad advierte que el momento de la verdad ya se acerca. Los futbolistas están algo huidizos, quieren soledad. El triunfo ante el Recreativo de hace 7 días vino muy bien para cortocircuitar la sensación de catástrofe que empezaba a agobiarles, pero saben que -en el fondo- el riesgo de caerse a Segunda División sigue siendo muy alto si no rinden muy cerca de la perfección en las cuatro semanas que restan.
Las sensaciones que se perciben en estas primeras horas en la capital barcelonesa (hemos llegado a las 13.30 desde El Montanyà) son parecidas a las previas de una final. La larga concentración así lo favorece. Todo el mundo sabe que este no es un partido cualquiera. Que es ganar o, de nuevo, tener la sensación de morirse poco a poco.
Villanova ha ensayado esta mañana en Seva con el equipo titular de mañana. No hay nada que esconder porque tampoco hay demasiadas alternativas con las que dudar. Matuzalem vuelve al once inicial tras cumplir su sanción ante el Huelva y Chus Herrero será el sustituto de Ayala, que esta vez es el castigado por los comités. Por lo tanto, mañana veremos un Zaragoza con César en la portería (su mano izquierda está mejorada tras el susto de ayer viernes); Zapater, Sergio Fernández, Chus Herrero y Paredes en la defensa; Gabi, Celades, Matuzalem y Aimar en la línea de centrocampistas; y Sergio García y Oliveira en el ataque.
Ellos tendrán que cumplir con el reto: ganar al Espanyol en su campo, es decir, fuera de La Romareda, ahí donde el Zaragoza no vence desde el 31 de octubre (hace 6 meses, medio año). Ahora, eso es lo de menos. Nos va la permanencia en Primera y es perentorio vencer donde sea.
En la concentración del equipo en Barcelona no se habla de otra cosa: la victoria. A ver si, esta vez, son capaces de hacerla realidad con hechos por encima de las palabras. El año pasado, recuerdo, fue aquí donde se obtuvo el último triunfo a domicilio de la campaña. No es una mala referencia.
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20 de abril de 2008
Aire. Y a seguir sufriendo
El Real Zaragoza ha cumplido con el plan de mínimos establecido durante la semana pasada para poder salvar la categoría dentro de 28 días. La victoria ante el Recreativo de Huelva, obligada si no se quería firmar más de media defunción del equipo aragonés rumbo a Segunda, se hizo realidad anoche. Como ya se tenía asumido, sumar estos tres puntos no era más que salvoconducto para seguir respirando. Nada más (y nada menos). Vencer al Recre era alcanzarle en la tabla, colocarse en el ras de la supervivencia después de dos semanas ahogándonos en la zona roja de la tabla, la mortal de necesidad. Y el Real Zaragoza, gracias a Dios y a la fortuna, lo logró con solvencia por 3-0. En esa igualdad a puntos, en ese aferrarse al último vagón de la vida, el equipo aragonés queda momentáneamente fuera de los tres puestos electrificados gracias a que ganó el golaveraje a los onubenses. A partir de ahora, en estas 5 últimas jornadas que restan, cada vez que haya igualdad con el Recre será el Zaragoza el que esté por encima por ese mejor diferencial goleador.
Hay que seguir mirando a los que están por encima, todavía al alcance de la mano, por si en los últimos 15 puntos que restan por disputar a partir del próximo fin de semana, aún hubiese opciones de meterlos en el lío de la salvación. Pero, el Zaragoza, no debe perder demasiadas fuerzas en analizar a los adversarios directos. Es él su principal problema.
Necesita por lo menos dos victorias más y un empate para lograr la cifra estimada para rubricar la salvación. Y quedan 5 partidos. Por eso, este choque ante el Recre no era una final. En las finales, el que gana logra su objetivo. Y el Zaragoza, que ganó claramente anoche, no ha logrado su objetivo con ese triunfo. Ni siquiera se ha aproximado. Le falta mucho que remar.
Espanyol, Deportivo de La Coruña, Valencia, Real Madrid y Mallorca son sus estaciones, sus retos, sus paradas para repostar puntos. De nada servirán los tres añadidos ayer a su cuenta ante el Recre si no es capaz de sacar la renta necesaria en este duro camino que le falta para cumplimentar este campeonato 2007-08 que ya está en sus estertores.
Hay vida. Es lo mejor que sacamos anoche como conclusión. El equipo no está en coma. Ha dado síntomas de andar moribundo desde hace varios partidos; ha parecido tener algún paro cardiaco por momentos. Pero este perentorio arreón consumado cuando la vida ya le iba, nos hace pensar, rogar, rezar, soñar... con que todavía es posible agarrarse a la Primera División. De momento, se ha salvado un "match-ball" que tenían nuestros rivales para mandarnos al infierno. El Recre no pudo ganar en La Romareda, lo que hubiera sido casi definitivo. Ni siquiera anduvo cerca del empate, que también hubiera dejado al Zaragoza medio roto y sin capacidad de maniobra. El Recre fue tumbado en el estadio municipal y los blanquillos han tomado aire para creer, aire para respirar sin fatiga durante al menos una semana.
Pero nos quedan 28 días de sufrimientos. Este triunfo ante el Recre puede ser efímero si el domingo que viene no se encadena con otra victoria, la que hay que lograr por obligación en Montjuic ante el Espanyol. Es obligación porque, cuanto antes se hagan los deberes en la desesperada situación que vive el Zaragoza, será mejor y evitará riesgos accesorios provenientes de terceros. El Recre recibirá al colista Levante en Huelva. Los onubenses son favoritos para ganar 3 puntos más. Si el Zaragoza no hace lo que hagan ellos, volverá a caer al pozo del descenso y solo quedarán 4 jornadas. Y de nuevo no se dependerá de uno mismo, que es otra gran lectura que se puede sacar tras el 3-0 de anoche. El Zaragoza vuelve a ser dueño de su destino.
Por fortuna, y después de casi dos meses sin dar la talla ni cumplir con el plan de mínimos, los zaragocistas lo consiguieron hacer anoche. Menos mal. Ojalá sea el principio de una milagrosa recuperación que hasta hace unas horas parecía una quimera.
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16 de abril de 2008
El último mes
La Liga 2007-08 se acaba el 18 de mayo. Si el último partido se adelanta al sábado, será el 17 de mayo. Es decir, que uno mira el calendario, y entramos de lleno en el último mes del curso.
Llega la hora de la verdad para todos. Los de arriba, por el campeonato, la Liga de Campeones y la UEFA (¡qué envidia!). Los de la mitad de la tabla, por buscar una última opción de meterse en Europa o, en algunos casos, pelear por jugar la Intertoto (ya en extinción). Y, en la parte sur de la clasificación, este año hay dos bloques. Uno, con dos vagones descarriados (Levante y Murcia) que ya cuentan con su descenso a Segunda División. El otro, con varios equipos afectados, jugándose la vida a cada segundo porque la tercera plaza que lleva a la división de plata está abierta para todos ellos. Y ahí, lamentablemente, el que más números lleva a solo 6 jornadas para la conclusión de la pelea, es el Real Zaragoza. Así de crudo y así de triste.
Es un último mes con las páginas en blanco. Queda todo por escribir, todo por fraguar. Por más que haya miles de sensaciones, centenares de previsiones, decenas y decenas de situaciones que se pueden imaginar, nadie está en disposición de aventurar qué y cómo va a suceder dentro y fuera de este Real Zaragoza agonizante. La situación es tan desesperada que apenas queda tiempo y espacio para calibrar la envergadura de lo que hay en juego. Solo se piensa en ganar el próximo partido (y no se sabe bien la forma, porque la esperanza es bien escaso visto el juego del equipo). No es posible trabajar en las líneas habituales de labor que un año normal permitiría a estas alturas: fichajes de futuro, traspasos vitales para la arcas del club, organización de la pretemporada (este año, incluso, la contratación de una post-temporada para cubrir las muchas fechas libres que deja el prematuro final de Liga a causa de la Eurocopa).
Todos atados de pies y manos. Todo el mundo capado en sus funciones básicas. Si el equipo no remonta y se va a Segunda, llega el caos. Hay pavor. El último mes va a ser un sinvivir permanente. Si se va ganando algún punto, por la incertidumbre de saber si se llegará a tiempo de rectificar, y si el descalabro se consuma con antelación, porque el lío socio-económico-político que se va a organizar en la ciudad y la región va a ser algo sin precedentes.
Es el último mes de Liga. Eso seguro. Pero es posible (en algún caso está cantado) que vaya a ser también el último mes de algún dirigente y alto ejecutivo en esta película llamada Real Zaragoza. Se acabó el crédito. Ya no hay quien se crea a algunos personajes, que han quedado totalmente destarifados pase lo que pase al final.
Es el último mes y, a partir de ahora, aunque sea imposible sacar cinco segundos para pensar en otra cosa distinta a lo que no sea ganar al Recre, al Espanyol, al Deportivo, al Valencia, al Madrid o al Mallorca (es lo que queda), estoy seguro (lo sé) que hay alguien haciéndose preguntas en voz baja de este cariz: ¿A quién podemos poner de accionista mayoritario en un futuro? ¿Quién podría ser el nuevo presidente? ¿Quién hará los fichajes del año que viene? ¿Cómo damos forma a la salida del club de Pardeza y Herrera? ¿Quién podría sustituirles? ¿Cómo cambiamos la cara de este proyecto estrellado para que la gente vuelva a creer en él? ¿Con qué manos y pies tapamos los agujeros de credibilidad y solvencia que se nos han abierto en esta lamentable campaña? ¿Qué efecto y qué reacción causaría el que se apelara a la quietud y se decidiera no mover nada y a nadie y salir el año que viene con las mismas caras en los mismos puestos? ¿Lo soportaría la ciudadanía?
Es el último mes de curso. Los 30 días donde los políticos, en sus campañas o en sus crisis de gabinete, suelen siempre decidir sus listas, sus repartos de cargos, sus sustituciones en los puestos de confianza, sus procedimientos de lavado de imagen, sus nuevos "eslógans"... Al final, como serán ellos los que muevan las fichas de esta partida de ajedrez que comenzó hace dos años, el mecanismo lo tienen trillado. Les saldrá solo. Será en este último mes.
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9 de abril de 2008
Amar en tiempos revueltos
Qué difícil es establecer el equilibrio futbolístico respecto del equipo de tus amores en momentos como los que concurren en estos momentos en el Real Zaragoza. Da igual el papel que desempeñe cada uno de los protagonistas. Es lo mismo ser un anónimo seguidor, que un febril forofo, que un veterano abonado, que un pausado accionista, que un analista por obligación periodística, que un dirigente con cara y nombres públicos, que un futbolista de la plantilla profesional que está al borde del descenso, que un político de alto rango de la comunidad autónoma, que un empresario de la construcción que observa el balompié con las ansias propias de su capacidad inversora, que...
No importa el rol, ni el grado de implicación que cada uno tenga en el negocio en el que se ha ido convirtiendo el mundo del fútbol con el paso de las décadas. Da igual que alguien lleve 70 años yendo a ver a tu equipo cada domingo. O 60; o 50; o 40; o 30; da igual que sean 20 los años de veteranía, o que sean 10; es lo mismo que, como en el caso de algún pope del presente, su zaragocismo haya surgido en la madurez y hace solo año y medio.
Al final, para todos los componentes de este heterogéneo grupo de interesados por el presente y el futuro del Real Zaragoza, es muy complicado actuar con calma y mesura cuando se ve tan cerca un fracaso estrepitoso que puede matar a la entidad y que podría romper con muchísimas décadas de esfuerzos, ilusiones, sueños, romanticismos, risas, llantos, emociones y mil sentimientos más que son personales e intransferibles de cada uno de los zaragocistas vivos y de los que ya murieron.
Amar en tiempos revueltos (gran título de novela televisiva que jamás vi) siempre ha implicado inconvenientes y trabas propias de un conflicto con efectos secundarios. Cuestiones de ideologías, de intereses económicos, de fracturas sociales, de peleas familiares... se inmiscuyen en el camino principal del amor entre dos elementos. En este caso, no se trata de una pareja, sino de un equipo de fútbol y cualquiera de sus miles de simpatizantes que viven en Aragón o en la periferia.
Cuesta escuchar y leer opiniones de algunos de ellos (ha ocurrido esta semana, en las últimas 72 horas), fruto del desencanto provocado por el desastre generalizado que está siendo el último año, en las que afirman que "ojalá bajen a Segunda para que quienes mandan se vayan y queden señalados como verdaderos culpables". Uno piensa que eso no se puede decir con absoluto convencimiento y que, más bien, es consecuencia de un hastío brutal que, a los más débiles de personalidad, a los más resabiados, a los más contrarios al poder establecido por cuestiones que se refieren a los "tiempos revueltos" que se viven en el club tras la marcha de Soláns, les abocan a situarse en un estadio límite que traspasa la frontera del amor y el desamor, esa que -dicen los expertos- está separada solo por un paso.
En el desencanto global, surgen las algaradas, las protestas sonoras, los insultos, las pañoladas. También las acusaciones en distintas direcciones. Todo el mundo quiere ser el más zaragocista del universo, muchos intentan marcar el baremo de qué es ser zaragocista y qué es no serlo en estos momentos. Aparece un fantasma sobre las cabezas de miles de amantes del equipo que pretende salvaguardar su cariño a la entidad pese a que el cuerpo y la mente les incite a la dura crítica y a pedir dimisiones y destituciones para saciar su hambre de justicia por tanto destrozo como se está haciendo con su equipo y con su masa social.
Es tiempo en el que proliferan las discusiones, los cruces de palabras, los enfados, las palabras retiradas, los escasos aguantes ante opiniones que chocan con la propia.
Es, en definitiva, el colofón a una crisis lenta pero inexorable que, como ha pasado varias veces a lo largo de los 75 años de historia del Real Zaragoza, terminará en catarsis tarde o temprano.
Y para ello, a pesar de lo que digan los más escorados en sus sensaciones a flor de piel tras el 0-3 del domingo ante el Betis, no hará falta que el equipo baje a Segunda. Otras veces, y esta es muy posible que también, el equipo se ha salvado in extremis y el legrado interno ha llegado por obligación. Simplemente porque, lo que quede de proyecto, tendrá credibilidad cero. Nada de nada. Ni como entidad, ni en cada uno de sus protagonistas.
Por eso, aunque amar en tiempos revueltos al Real Zaragoza sea harto complicado, habrá que intentar hacer un esfuerzo común por mantener la calma, la distancia de seguridad con el de al lado y la mesura en las palabras durante los 40 días que restan de Liga y soñar en que, a partir del 19 de mayo, la paz, la justicia y la reconstrucción de lo que quede se pueda seguir haciendo en Primera.
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3 de abril de 2008
No dispersarse, no cometer el error un millón
Una luz en medio de la confusión. Eso es lo que necesita ahora mismo el Real Zaragoza y, la única opción que tiene de encontrarla, es ganarle el domingo al Betis en La Romareda. El único generador luminoso, cuando las tornas se vuelven tan turbias como lo han hecho en los últimos meses, son los triunfos.
Lo demás, ahora, parece tan accesorio y ridículo como inútil e irrelevante. La desesperación devalúa elementos que hasta hace nada eran de profundo calado. En medio del caos mental y del agobio general, solo sirve ganar partidos. Lo único válido ahora mismo es que jugadores y técnicos sean capaces de sacar adelante tres o cuatro de los ocho que quedan para el final.
Por eso, estamos ante mes y medio dificilísimo de atravesar salvo que, esos tres triunfos perentorios, lleguen de inmediato en los primeros tres partidos que aparecen en el horizonte (Betis, Getafe y Recre).
Por más que suenen raros determinados cambios de chaqueta, por más que las caras largas de los grandes culpables de este deterioro brutal sean cada vez más constantes y desagradables, por más que el tiempo de los dedos índices asome tras la esquina, por más que las ganas de pasar factura por parte de algunos de los desesperados pasen a primer plano del día a día... por más que todo eso vaya fluyendo por propia naturaleza humana con el paso de las horas, lo único que ahora es útil es ganar. Básico será no cometer más errores de bulto de los que ya se acumulan en esta temporada llena de trampas y socavones.
Así pues, que todo el mundo, en la medida de lo posible y de su responsabilidad, ponga los cinco sentidos (quien los tenga o sepa utilizarlos, que algunos están capados de alguno fundamental) para ganar al Betis.
Lo demás, pase lo que pase, no entra en vigencia hasta el 19 de mayo. Un día importante para el resto de la vida. Como todos.
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26 de marzo de 2008
Lourdes, Fátima, Calanda... Holanda
Matuzalem está en Amsterdam desde el punto de la mañana. El doctor Villanueva y el fisioterapeuta Míchel Román le acompañan. El club ha decidido que le vea el veteranísimo Dick Van Toorn en su consulta de la capital holandesa, otrora famoso "mago" de las recuperaciones de los deportistas lesionados. El Zaragoza, en los principios de los años noventa, ya utilizó su magia varias veces en busca de sus milagrosas pócimas cuando las dolencias musculares afectaron en momentos cruciales de las temporadas a jugadores clave, casos de Pardeza, Esnáider o Solana.
Van Toorn, de metodología secreta (claro está), puesto de moda en España por el Barcelona que lideraba Johan Cruyff (aquel que acabó siendo el "dream team" azulgrana), es ya un venerable fisioterapeuta centroeuropeo que ha ganado dinero a capazos a lo largo de las últimas dos décadas de su carrera profesional que todavía conserva una reducida cartera de clientes que acuden a él con cierta asiduidad.
El Zaragoza, donde Pardeza (uno de sus sanados) ostenta cargo de peso, ha pensado en el brujo neerlandés para intentar sanar cuanto antes a su estrella Matuzalem, pieza que se considera fundamental para salvar la categoría en la dificilísima recta final de Liga que resta, con 9 partidos a cara de perro de los que, en principio, el suramericano está abocado a perderse tres. El club, con Jesús Villanueva como referencia clínica y el director deportivo, en definitiva, tienen siempre la puerta abierta en casa Van Toorn.
El diagnóstico que dejó la resonancia magnética nuclear el pasado lunes respecto del alcance de la lesión muscular que padece el brasileño en el gemelo de su pierna izquierda fue peor de lo esperado. Lo menos dañino hubiese sido una contractura. Pero no, las pruebas radiológicas evidenciaron que el problema era un escalón superior: padece una microrrotura en el sóleo de su extremidad zurda.
Viendo lo que se viene encima, observando el mal rendimiento que dio el equipo el domingo pasado ante el Almería sin Matuzalem en el once titular (y lo que se notaron en positivo los 14 minutos que estuvo sobre el campo), tres partidos sin él suenan como una eternidad.
Matuzalem se ha convertido en un ídolo, en un icono, en un acto de fe en sí mismo. Porque, en realidad, el brasileño apenas ha jugado en el Zaragoza desde que llegó. Con el ratito del domingo, solo ha participado en 8 partidos ligueros. Y, entre expulsiones y sustituciones, lo suyo no ha sido tampoco jugar los 90 minutos como norma. A pesar de tan escasa aportación, de tan pocos réditos de lo que se supone que este jugador ha de dar al equipo, los responsables deportivos del Zaragoza se aferran a su estela, a su nombre, a su halo de figura estelar, para que su presencia en el once inicial pueda argumentar a todo el zaragocismo que la salvación en posible y que el descenso es algo imposible si hay alguien de tanta calidad sobre el campo luciendo la camiseta blanquilla.
Así que, en la ceremonia de nervios y temblores que el final del campeonato está empezando ya a traer a los alrededores del Real Zaragoza, ahora toca "milagro". El que supondría que el legendario Van Toorn suturase de súbito la rotura fibrilar que tiene Matuzalem en su pierna buena y, de tres semanas de baja (20 días es la estimación de los médicos especialistas españoles de Zaragoza, Aragón), se pueda pasar a solo una o, en el peor de los casos, dos. Por intentarlo, que no quede.
Es época de levantar la voz contra los arbitrajes, aunque los agravios sean iguales o menores que los ocurridos en tiempos de menos presión clasificatoria; es época de llamar a la afición a un apoyo incondicional, aunque sea a costa de perjudicar a los abonados que pagaron su caro abono a principio de temporada y ahora ven como ir al fútbol cuesta calderilla; es época, al fin, de buscar asideros y soluciones al galope antes de que el tren descarrile por completo y se vaya campo a través fuera de los raíles; es época, en definitiva, de buscar milagros. Como el de Van Toorn con Matuzalem. En otros tiempos, más cercanos a los de Lourdes, Fátima o Calanda, el prestigioso recuperador holandés los logró con otros futbolistas afamados. Ojalá sus poderes sigan activos. Quizá el tulipán acabe siendo el mejor "fichaje de invierno" de la temporada si logra el propósito de los zaragocistas.
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18 de marzo de 2008
Bandrés hace bien, pero tan desastrosa temporada no admite atenuantes
Eduardo Bandrés se ha decidido a levantar la voz casi dos años después de su aparición en la presidencia ejecutiva del nuevo Real Zaragoza referenciado por Agapito Iglesias, el hombre que adquirió en determinadas condiciones la mayoría de acciones que poseía en anterior máximo accionista de la entidad, Alfonso Soláns Soláns. Amagó por carta tras el follón con el Barça hace 20 días y culminó su reacción in voce el pasado domingo en Villarreal, enfadado por el agravio que el árbitro Álvarez Izquierdo llevó a cabo con el equipo aragonés en el criterio utilizado por el juez catalán a la hora de señalar sendos penaltis con formato similar: agarrón previo de un defensa a un delantero en la búsqueda de la posición en el área mientras el balón volaba procedente de un centro. El de Javi Venta a Oliveira no lo vio como pena máxima en el minuto 4 (hubiera acarreado, bien pitado, tarjeta roja para el zaguero local), pero el de Paredes a Capdevila en el minuto 64 si que lo indicó el amigo Álvarez sin dudar un solo instante para, con la posterior transformación en gol por parte de Rossi, apuntillar a un equipo aragonés muy desgraciado ante el gol, escocido y desquiciado por su malísimo momento moral, deportivo e institucional.
Eduardo Bandrés tiene razones de peso para emitir una reacción sonora que, como la que nos ocupa, le lleve (a él y a la entidad zaragocista) al primer plano de la atención mediática española. No en vano, no solo ha arremetido contra los árbitros -al más puro estilo tradicional- por los perjuicios evidentes que causaron al equipo aragonés en los duelos ante el Barcelona y el Villarreal. También lo ha hecho contra una batería de medios de comunicación de ámbito nacional que, incomprensible e injustamente, coincidieron en acusar, atacar y tergiversar una serie de datos, manifestaciones e informaciones relativas al club, la afición y algunos jugadores en unos momentos realmente delicados para el Zaragoza. Y esta segunda parte de su reacción tiene su riesgo, como ya ha podido comprobar de inmediato el novel dirigente futbolístico aragonés. Los medios madrileños que ejercen la, a veces discutible, tutela de las líneas editoriales de sus respectivos grupos en todo el territorio, no soportan bien que se les señale "desde provincias" en sus errores de enfoque y sus habituales males de soberbia provocados por el desconocimiento que da la distancia (ha pasado, pasa y pasará en todas las empresas de ese perfil).
Se corre el riesgo, además, de ser acusado de provincianismo. Bandrés ya lo ha sido, por supuesto. Pero uno siempre ha pensado (y lo ha ejercido de facto cuando le ha tocado litigar en territorios similares durante muchos años) que lo verdaderamente provinciano es tratar con desdén y distanciamiento -desde el supuesto "eje de poder" que ostentan las matrices de las empresas nacionales en Madrid- a las gentes y los clubes de la "periferia". Y que, cuando esto sucede, no deben de extrañarse los sujetos ejecutores de estas acciones de que se les señale e incluso se les califique negativamente. Se lo ganan a pulso las más de las veces.
Por eso, vista la actitud de Bandrés desde este prisma, su postura crítica y beligerante -adoptada de manera voluntaria y meditada- me parece correcta y fundamentada. Otra cosa es que, a corto y medio plazo, resulte útil. Exteriormente, está claro que no lo va a ser. Interiormente, quizás. Siempre parece bueno que un colectivo desgarrado, desilusionado, heterogéneo como nunca, agobiado y en crisis de identidad como es ahora mismo el zaragocismo, pueda aglutinarse en torno a un elemento que, mayoritariamente, lo junta en una sola dirección. Por ahí, es posible que la reacción de Bandrés pueda surtir efecto. Pero nada más. (Ojalá sea suficiente para que se sumen circunstancias suficientemente positivas como para que el equipo permanezca en Primera División el 18 de mayo, que es de lo que verdaderamente se trata en estos dos últimos meses de Liga que restan).
De lo que Bandrés, Agapito, Pardeza, Herrera y demás dirigentes y ejecutivos del club han de estar seguros es que, sea como sea, este frente abierto en las últimas horas, a través de la postura pública del presidente, no difumina ni un milímetro la horrible temporada que está cuajando el equipo, la sociedad anónima y todos sus responsables y protagonistas. Han de tener presente que este lío, que hace referencia básicamente a algunos de los últimos partidos disputados por el equipo en el último mes, no entretiene ni dispersa la atención de cualquier analista que pretenda desmenuzar en un futuro muy próximo todo lo ocurrido en los últimos meses y que ha desembocado en un abismo que da vértigo y tiene a la institución al borde de un batacazo sin precedentes.
Hace días que sonaron las alarmas y seguimos sumidos en horas de búsqueda de soluciones, de intentos de reanimar un muerto. Lo primero es salvar el pellejo global del club. Pero, inmediatamente después de que eso suceda (Dios lo quiera), nada ni nadie podrá parar, dispersar u ocultar un profundísimo análisis del por qué, del cómo, del quiénes y del cuándo se ha ido al limbo un proyecto que nació lleno de ilusiones y está cerca de estrellarse sin remedio.
Analicemos el calendario, soñemos y empujemos para lograr los puntos que aún faltan (son unos cuantos), pensemos que la postura de Bandrés forma parte de un mecanismo que busca apuntalar la necesaria reacción de todos para eludir el descenso que amenaza... pero solo eso. Lo hecho, hecho está. Y tiene unas dimensiones tan grandes que no hay cortina de humo que lo pueda tapar.
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Paco Giménez
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